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Texto y fotos: Graciela Guerrero Garay

Los ojos de María Moreno Ávila están llenos de lágrimas. A sus años, el pecho se le aprieta como aquel primero de enero de 1959, cuando le dijeron que los barbudos bajaron de la Sierra Maestra.

La voz le tiembla, entre la elegancia que aún conserva con casi 80 años. “Amo a Fidel, gracias a él tuve a mis hijos y pude ser una mujer trabajadora. Para mí sigue vivo, nunca creí la noticia cuando vinieron a decírmela.

“Él está vivo en mí, siempre”. En su rostro húmedo por ese río de amor tierno y doloroso que la embarga ahora, vuelve a ser rotunda: “Es mi Comandante, siempre quise llegar a donde estaba pero no pude. Fidel no está muerto, están en todo y en mí, aunque parezca un egoísmo quizás, jamás se irá mientras yo viva. Yo amo a Fidel”.

Esta jubilada del sector de Comercio se seca las lágrimas y aprieta contra el pecho las más de diez décimas, cinco poesías y dos canciones que le hizo. Ahora, una vez más, las pondrá en la sala de su apartamento, allí donde cada día da gracias a Fidel.