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Una foto que atesora esos momentos de Georgina, a la derecha, junto a Sergio Nessi en uno de esos viajes donde la solidaridad sembró nuevas veredas para Cuba e Italia.

 

                                                           A la memoria de Georgina Barea Cabrera y sus amigos

Por Graciela Guerrero Garay        Fotos: De la Autora

La Casa de la Amistad con los Pueblos en Las Tunas me devolvió la efervescencia que siempre la abraza durante los meses de primavera. A veces, entre los hipos del recuerdo, el tiempo simula detenerse y es como si hoy fuera ayer, con toda esa carga de urgencias apretadas bajo el llamado Período Especial,  donde el cruel bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos se encargó de hacerlo notar con toda su crudeza.

Justo para desafiar la profunda escasez que golpeaba a todos los sectores, cientos de hombres y  mujeres por toda la Lombardía, una región administrativa de la Italia noroccidental, deciden tender un puente de fe, amor y ayuda con la provincia. El sueño y la esperanza fueron, veinte años atrás, un desafío enorme, posible solo a golpe de desvelos, perseverancia y aprendizaje diarios, tanto de italianos como de tuneros.

Nunca en esta historia podrán faltar las huellas de Georgina Barea Cabrera – Delegada del Instituto de Amistad con los Pueblos en Las Tunas en aquel entonces- y Sergio Nessi, quien fue en esa fecha el Coordinador de la región de Lombardía de la Asociación de Amistad Italia – Cuba. Más que rubricar un documento de cooperación y solidaridad, ellos fundieron un fuerte nexo espiritual y solidario que trasciende por encima de la  muerte física o la identidad de un líder y sirve, dos décadas después, para sumar nuevas figuras a estos nobles proyectos de intercambio.

En la memoria de la gente del barrio donde está ubicada la Casa de la Amistad, en la avenida Camilo Cienfuegos y las entrecalles  Israel Santos  y Leonardo Gamboa, en el reparto Santos, perviven las actividades comunitarias que realizaba Georgina y los amigos de Italia, sobre todo en la década de los 90 cuando la economía cubana y su repercusión en la vida doméstica necesitaban “cosas bonitas como intercambios culturales, juegos, cumpleaños colectivos. Darle ánimo a la gente y la cuadra, como hacían Georgina y los italianos”, recuerda Nenita, una de las vecinas más viejas de la cuadra.

A su voz se suman la de Héctor López y Martha Domínguez, quienes ven el hermanamiento como “algo útil y muy oportuno en aquellos años más difíciles. Georgina fue el alma de todo eso y nunca dejó a la gente fuera de esta participación. Extrañamos eso, pero sí sabemos que los hermanos italianos vienen y ayudan mucho a la provincia.” Y una lista interminable en la bondad y los beneficios valida las palabras del tunero común que agradece los donativos para la agricultura, centros de la salud y escuelas, pilares del destino de esos amores que reinan por Lombardía hacia  el Balcón del Oriente Cubano.

La primavera vuelve a reunir a viejos fundadores. En la Casa del ICAP la bandera de Italia ondea y un mural visibiliza el sentimiento. La Televisión local, TunasVisión, filma un documental que estrenará este abril para homenajear los 20 años de solidaridad, ideas y retos compartidos. Ese día de la premier, los amigos de los diferentes círculos amistosos de la región de Lombardía estarán, una vez más, junto a los tuneros.

Entre los recuerdos afloran nuevamente esos tiempos difíciles, donde había que ser muy objetivo y previsor para aprovechar los donativos y revertirlos en ganancias para el pueblo, cosa que destacan en la labor de Georgina Barea y que reconoce el club de Bergamo en su blog, al señalar que “ha manejado todas las iniciativas… la cooperación y proyectos solidarios, la Brigada de trabajo voluntario Giovanni Ardizzone, los concursos de amistad entre Cuba e Italia, los lazos trenzados entre Italia y hospitales, escuelas, círculos infantiles, centros culturales…”

Un puente para todas las eras…desde un 27 de marzo de 1997. Los hechos llenan los calendarios… la Brigada de Trabajo Voluntario Giovanni Ardizzone… la fundición de la tarja al joven italiano solidario, la lucha por la liberación de los Cinco, el desacato al bloqueo, los intercambios históricos, las visitas mutuas, la expansión de los periplos de experiencias…

… Hasta este dolor que ahora vuelve a sacudir la Casa del ICAP y sus paredes internacionalistas por la ausencia de valiosos compañeros…  Georgina Barea… Gianni Montemartini…  Giustino Di Celmo…  Margarita Caperdoni…  ausencia que es la alegre inquietud de la memoria o todo el arte que, en las paredes del Instituto de Amistad con los Pueblos en Las Tunas, hace valer los nombres y nos remite a este pedazo de historia compartida, sobre un puente para todas las eras.