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Por Graciela Guerrero Garay     Foto: De la Autora

Nadie anda tranquilo por casa. Beatriz, Milena, Sheila, Adrián y Abdel apuran el tiempo para aprenderse los trabajos prácticos de Historia, Cívica y Ciencias Naturales, después de activar los equipos de estudio y repartir los contenidos. Esta semana son las discusiones y, la próxima, los exámenes que cierran el primer semestre del calendario escolar en la enseñanza primaria. Acto seguido, llega la semana de La Victoria, en la cual alumnos y docentes de todo el sistema nacional de Educación disfruta de un renovador descanso.

Las reuniones de padres en las escuelas – incluidas las secundarias básicas – son el punto de análisis para concretar los intereses mutuos familia- maestros- profesores, en este empeño de lograr promociones de calidad y garantizar el éxito de esta etapa evaluativa, que en el caso de los grados finalistas, como sexto y noveno, determinan los acumulados finales del año docente.

A la par, los claustros de profesores en los distintos tipos de escolarización concretan la terminación de los planes de estudio de las diferentes asignaturas, puntualizan en las diferencias individuales de los alumnos y aprovechan las jornadas de clases para, según los horarios establecidos, reforzar los repasos y la ejercitación.

Este proceso provoca que en los hogares tuneros el mundo de libros, libretas, cuadernos y lápices destaque en la agenda doméstica cotidiana, un hecho natural y consciente para todos en la Mayor de las Antillas por la importancia que reviste la educación, gratuita y obligatoria hasta la enseñanza media superior.

Igual realce tiene la semana de La Victoria, durante la cual se proyectan variadas actividades para que los estudiantes y los trabajadores del sector encuentren espacios instructivos paralelos al descanso necesario, desde las mismas comunidades, sin que ello limite las iniciativas y voluntades personales de tomar este tiempo de receso para canalizar sus propios intereses.

De cualquier modo, por estos días y los que vienen hasta la primera decena de abril, el tema de las evaluaciones orales y escritas es recurrente en las escuelas y la casa, donde los juegos después de la jornada de clases pasan a un segundo plano, y detrás de las puertas escuchas voces como las de Beatriz, Milena, Sheila, Adrián y Abdel repitiendo en “tono de exigentes maestros” los diálogos de contenidos que debatirán en la discusión de sus trabajos prácticos. Aprobar y con altas notas es la meta. Por ella se mueven aquí perseverancia y dedicación de cientos de alumnos y educadores.