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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: De la Autora

Ya no es el mismo. Su pequeña e inteligente Adianys  logra hipotecar su tiempo en las tardes, cuando regresa del círculo infantil, a pesar de venir juntos en bicicleta y no darle un minuto de silencio en los más de tres kilómetros del trayecto.  Todo lo quiere saber y a él le tocan las respuestas.

Pero aún así siempre alguna creación le ronda, aunque venga en el filo de una idea postergada “para después del trabajo o las obligaciones familiares”.   Trae esos dones que simulan genes escondidos en generaciones pasadas y, un día, asombran a todos con el alumbramiento.

De tal suerte, el lienzo se llena de colores con la misma facilidad que hojas secas, arena, laticas de cerveza, semillas, chapas, barro, madera, cera y piedras se rinden a sus manos.  Basta dejarse llevar por la corriente de ánimo que lo invade y enfrentarse a el desgano, “porque a veces tengo el deseo ahí, la proyección, y me vence el cansancio”, confiesa con cierta opacidad en la mirada.  

Maikel Milanés no se toma en serio.  Tal vez sea demasiado modesto o  – como dice su esposa – en rotular o hacer arreglos para cumpleaños está más cómodo, pero nunca falla cuando se necesitan carteles, pancartas o piezas para una efemérides o trabajo comunitario. Ahí destaca su obra y gracia, indicadores perpetuos del buen arte y la bonanza comprometida de su alma.

Es un artesano con desvelos propios. Ese joven de barrio a quien aprecian mucho y señalan como un “mago natural” en el mundo de la plástica, donde nunca buscó tener un nombre y un espacio, “porque no me gusta la competencia y hacer cosas por encargo. Me entra una idea, consigo los materiales y la hago. Claro, soy feliz cuando veo que a la gente le gusta. Quizás más adelante decida hacer algo más estable o específico”.

Por el momento guarda muestras de sus creaciones y empina sobre los talones a su inquieta Adianys, quien estrena sobre papeles blancos una destreza innata para la pintura, como si la genética hubiese decidido no esconderse.  Puede ser como papá, un artista versátil y creativo. Un tunero con estrellas, con manos para el asombro.