20160926204429-alejandro4.jpg

 

Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: De la Autora y cortesía del entrevistado.

Alejandro Rajiv González Torres quizás lleva debajo de la dermis más años de los que realmente tiene. La profundidad de sus palabras, el análisis y la entereza ante los retos de la profesión escogida y el andar cotidiano, de no tenerlo delante, harían imaginarte a un hombre más allá de la primera juventud. Sin embargo, su rostro  regala a un muchacho tierno y muy joven, con el cual una entrevista puede ser infinita.

Quiero ser cardiólogo –dice con toda firmeza-. No solo es la influencia de mi padre, el cardiólogo Silvio Antonio, que ahora está de vacaciones de su segunda misión. Está en Tanzania. Al adentrarme en mi carrera comprendí que quería ser como él, que esa es la especialidad que deseo.

Empezar el quinto año de Medicina es un reto “porque son rotaciones cortas y no es fácil retener ese volumen de conocimientos. Me gustarían rotaciones más largas, donde uno pudiera acumular más destreza en los distintos diagnósticos. Me inquieta, por ejemplo, que pueda encontrar a un paciente con una enfermedad poco común y, por lo corto del tiempo en esa especialidad, no aprenda todo lo que debo o malogre mis expectativas. Es decir, no vea la evolución o los resultados de la clínica y el tratamiento”.

Estudiar es vital como el agua. “Lo hago a diario, un médico no puede estar sin estudiar”. Y en sus ojos veo esa chispa de investigador… ¿Te gusta investigar? “Sí, sobre todo en cardiología. Me gustaría algún día lograr algo novedoso en esta especialidad. En Cuba los problemas cardiovasculares  están entre las primeras causas de muerte, y me pongo a meditar si alguna vez hiciera algo que pudiera cambiar eso”.

No lo dudo, pues en sus venas lleva igual el espíritu de su mamá, la licenciada en Laboratorio Clínico Martha Torres Chávez, del policlínico Gustavo Aldereguía, en esta ciudad Balcón del Oriente. Por eso quizás frunce el seño para manifestar su inconformidad con la duración de tres semanas de las rotaciones… y me argumenta:

“La teoría y la práctica son elementos esenciales en la medicina. Aunque ahora no hay cambios en los planes de estudio, en ocasiones se les dedica más horas-clases a asignaturas que te dan una cultura general, pero no son básicas para un buen desempeño. Yo revisaría eso. Y  lo otro es que si me encuentro un día un diagnóstico atípico en esas rotaciones, como son cortas, y en ese tiempo no va a la consulta algún paciente que la padezca, me quedo sin saber, no lo veo. Por ejemplo, ahora roto por Dermatología y aquí hay muchos tipos de enfermedades. Es imposible en ese lapsus verlas todas y menos aprenderlas”.

Desde el punto de vista docente – explica- hay muy buena atención de todos los profesores y nos evalúan mucho. Eso nos obliga a estudiar y sacarle el mejor provecho a cada rotación. Así se le escapan los sueños… “ya médico me gustaría poder participar en alguna convención internacional, para tener experiencia de otras alternativas médicas con otros colegas. Me gusta investigar los problemas de cardiología. Me gusta leer, aunque soy selectivo.”

Prefiere a los perros como mascotas, aunque confiesa que no es conformista y luchará por ser cardiólogo, pues “solo me sentiré realizado el día que tenga mi especialidad y esté dando mi consulta”.

Hablar con Alex – como todos llaman con cariño- me hizo recordar los Consejos de Esculapio para quienes desean ser médicos. Un documento al cual creo deben asomarse chicas y chicos – o hacerlos asomar- desde el momento en que en voz alta confiesan que optarán por esta hermosa y sacrificada profesión.  

Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del egoísmo humano. Ni siquiera encontrarás apoyo entre los médicos, que se hacen sorda guerra por interés o por orgullo. Únicamente la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en tus fatigas. Piensa mientras estás a tiempo; pero si indiferente a la fortuna, a los placeres de la juventud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas bien pagado con la dicha de una madre, con una cara que te sonríe porque ya no padece, o con la paz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte; si ansías conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino, ¡hazte médico, hijo mío! (Parte de los Consejos de Esculapio. Esculapio para los romanos, fue el dios de la medicina y la curación, venerado en Grecia en varios santuarios. El más importante era el de Epidauro en el Peloponeso donde se desarrolló una verdadera escuela de medicina. Se dice que la familia de Hipócrates descendía de este dios. Sus atributos se representan con serpientes enrolladas en un bastón, piñas, coronas de laurel, una cabra o un perro. El más común es el de la serpiente, animal que, según los antiguos, vivía tanto sobre la tierra como en su interior. Asclepio tenía el don de la curación y conocía muy bien la vegetación y en particular las plantas medicinales. Según nota de Bernard Simonay en su novela "El Templo de Horus", este dios surge como recuerdo y veneración al sabio egipcio Imhotep, que vivió 2.000 años antes.1. Datos de Wikipedia) 

                                                                         SIN LA BATA BLANCA             

Alejandro gusta de reflexionar. La socorrida y tergiversada frase “la juventud está perdida” para él no cuenta. Piensa que algunos adolescentes no se trazan metas y andan con una vocación perdida, “no aprovechan las oportunidades y les falta motivación, ya sea por exigencia familiar, las modas o dejarse llevar por influencias externas. Yo voy a fiestas y me divierto, pero organizo mis prioridades. Algo que me inquieta es ver como desde pequeños algunos padres visten a sus hijos como si fueran jóvenes y, eso, para mí, les va cultivando un gusto estético que trasgrede la infancia. Toda edad tiene sus características”.

Luego ponerles coto más tarde se hace difícil y hasta puede crear problemas de salud, y  en la escuela, agrega. Empero, algo que no aparta de sus inquietudes es que los estudiantes de medicina no rotan por cardiología. “Es una sala con sus complejidades y características, pero se pudiera  tener en cuenta, pienso yo, la incidencia que tiene en la mortalidad y más cuando en Las Tunas, por ejemplo, la población es la más envejecida del país. Al novel hay que darles las herramientas para que esté preparado desde que empiece a ejercer, sin limitación alguna de conocimientos”.

La ternura de sus ojos alumbra las palabras. En ello le fue tal vez la suerte de haber aprobado sin recodos el examen de aptitud, cuando una vez salió de casa, hace cinco años, decidido a ser médico y seguir las huellas de su padre. O puede que sea, a mi decir, que este futuro galeno tunero lleva debajo de la piel más años de los que realmente tiene.