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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

Los gallos cantaron para casi todos más temprano, como dice María Alejandra, quien estrena por primera vez el uniforme de secundaria básica. El simpático Miguelito está de fiesta porque comienza el primer grado y aprenderá a leer y escribir. Mi nieta decidió acostarse temprano y, un tantico refunfuñona, dice en alta voz que no quiere terminen las vacaciones, sin embargo va de lujos con su uniforme nuevo a empezar el sexto grado.

Esta mañana de lunes, a fin de cuentas, nada tiene que ver con sus antecesoras. ¡Las calles están llenas de escolares! Y, justo en este minuto, cuando redacto esta nota, ya los padres y familiares van de regreso a sus centros de trabajo y hogares, según el caso, mientras cada aula y en todas las escuelas de las diferentes enseñanzas quedaron los estudiantes con maestros, profesores, auxiliares pedagógicos y el material de estudio necesario.

El curso escolar 2016- 2017 abrió puertas y ventanas en todos los municipios y provincias cubanas y la alegría por esta fiesta de la educación masiva y gratuita no pierde encanto para nadie, amén de que hace más de medio siglo septiembre la regala para todos y un suceso donde la Mayor de las Antillas tiene medalla de oro a escala internacional.

A partir de hoy será recurrente el ajetreo por campos y ciudades y el descanso estival dijo “chau- chau” a los lugares de ocio y las mañanas en camas con el sol bien alto, a cambio de que la escolarización sea el pan mejor recibido por todos y prevalezca, bajo cualquier tensión económica y social, el sano orgullo de cumplir el precepto martiano de que “todo hombre, al venir a la tierra, tiene derecho a que se le eduque y a cambio contribuir a la educación de los demás.”