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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: De la Autora y Fotógrafos de 26

A pesar de que el sol viste con aguijones de fuego por este oriental Balcón, los tuneros buscan las mil maneras de disfrutar sus vacaciones, sobre todo ahora que agosto corre sobre el almanaque y apunta dejarle el camino a un septiembre que, como es tradicional, estrena con la fiesta escolar que distingue a este archipiélago: el nuevo curso 2016-2017.

La pasión por el mar y las piscinas marca preferencias y los trajes de baños, sin romper la tradición de ser “escasitos” de tela, se acompañan de enguatadas o camisas, pues con el tiempo las advertencias sanitarias de evitar las altas radiaciones del “rey amarillo” hacen conciencia.

Empero, las sombrillas, paraguas, sombreros, gorras, pamelas, pañoletas y hasta cartones y carteras andan de galas sobre las cabezas. Ya aquello de que las sombrillas y demás era sinónimo de vanidad femenina pasó de estar entre los tabúes sociales. Ahora el término “unisex” es tan común como los pregones de pan, bombones y maní.

Mi cámara y la de mis colegas captan esta impronta del verano tunero, donde los parques, los museos, las wifi, el campismo; una sombra, la televisión, las heladerías y cualquier manera de romper la rutina y evadir los azotes del clima son “tuneradas” que hacen de este Balcón un lugar donde la vida cotidiana no pierde la esperanza ni borra la sonrisa a sus habitantes y foráneos.