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Por Graciela Guerrero Garay       Foto: Tomada de Tiempo 21

Hace algunos meses cuando vacacionaba por estas tierras, el joven Carlitos LLauté me aseguró al ver la foto en mi computadora que había una igual en la finca de su tío, en Jagüey Grande. En aquel momento no sabía que la araña parda del Mediterráneo está considerada como una de las exóticas invasoras más peligrosas del mundo.

Tal revelación se “despertó” en mi memoria al leer una información de la colega Tania Ramírez, en la cual cita al experto Amado Luis Palma, de la Delegación provincial de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), quien alerta la proliferación del dañino arácnido en varias zonas del territorio.

El hecho se convierte en una seria inquietud para los ambientalistas tuneros por los efectos destructivos que causa a los recursos forestales, más cuando la también llamada araña africana (araneido Cyrtophora citrícola) tiene la facilidad de conquistar y adaptarse a nuevos hábitat y una alta capacidad de dispersión.

La exótica especie invasora se visualizó por primera vez  en Cuba en el año 2003 en las márgenes del Río Tao, proveniente de Haití. En este territorio existían reportes de su presencia en el municipio de Manatí y la parte norte de esta localidad de Las Tunas, pero ya hay evidencias de que también se encuentra en áreas agrícolas de Jobabito.

De expansión peligrosa califican tal certeza los investigadores del CITMA, dada la peculiaridad que tiene la parda de cubrir totalmente con su sucia y extensa tela la vegetación arbustiva, causándole la muerte.

En República Dominicana y Colombia está identificada como plaga forestal y agrícola, de ahí que los expertos tuneros junto al Cuerpo de Guardabosques, Sanidad Vegetal y la Empresa Veterinaria refuerzan sus mecanismos de control y vigilancia, pues en 2006 – en la primera fase de propagación en el oriente cubano-, la exótica y temida araña destruyó cultivos de naranja en las provincias de Guantánamo y Santiago de Cuba.