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Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: De la Autora

Ya por los barrios corren los pregones… ¡vendo puerco!... ¡vendo puerco! Más de uno de mis vecinos les llaman o les chiflan, cada quien tiene su modo de hacer parar en seco al carretonero, el tractor o el bicicletero que trae de algún lugar del campo – o las zonas periféricas- a ese lechón que asamos cada 31 de diciembre. Unos en púa. Otros en hornos. Entero. O el pernil y las paletas.

La música también es una invasión sonora que contagia, aunque parezca demasiado alta o “sandunguera” para el horario del día. Los tuneros son alegres y jamás dejaron la dulce costumbre de chuparse los dedos, tras masticar con ganas un pellejito tostado del cerdito de la cena. Los mercados se visitan más de lo habitual para comprar el ron, las aceitunas, las ensaladas, la cerveza y los regalos que vienen con la fecha.

Más allá de las comunidades, cada institución cultural- recreativa tiene ofertas especiales para este fin de año, al tiempo que restaurantes y club nocturnos, disco bar y discotecas redoblan empeños para quienes los incluyan en sus maneras de esperar el 2016 se sientan como en casa, donde igual muchos criaron su puerco para la ocasión.

En los centros de trabajo tampoco se olvida la fecha y realizan actividades de despedida, a partir de iniciativas y aportes propios para cerrar otra etapa de trabajo colectivo y poner a la mesa los afectos camaraderiles que distinguen aquí las relaciones laborales.

Un ambiente agradable y festivo, trascendente con la llegada del Enero de Victoria que significó aquel día UNO de 1959 cuando Fidel Castro y su Ejército Rebelde derrotaron la tiranía de Fulgencio Batista, y Cuba se convirtió en el primer Estado Socialista de América Latina.

Patriotismo y alegría de celebrar la llegada del nuevo calendario se  abrazan por doquier y los tuneros, como todo buen cubano, preparan la cena de este 31 de diciembre del 2015 que se irá a los anales de la historia con importantes y trascendentes avances en el país y el territorio, sucesos y eventos de relevancia única y la certeza de que los cambios que acontecen en la Isla, sin pausa pero sin prisa como dijera el Presidente Raúl Castro,  se consolidarán en el 2016.

El pregonero se fue. No siempre vende su oferta en la primera esquina, pero lo que no tiene discusión es que retorna al monte sin el “choncho” que traía. Mañana otro volverá y, sino, los puntos de los trabajadores por Cuenta Propia están ahí. La carne de cerdo, amén de ser la tradicionalmente favorita, nunca falta, como tampoco estos banquetes familiares y entre amigos, donde a las 12 campanadas llueven abrazos y se bota agua a la calle, para que lo bueno llegue y la suerte marque el Año Nuevo. O queman un muñecón enorme y le bailan a la candela tal cual hace la gente del conocido barrio de Río Potrero, al este de la ciudad.