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Por Graciela Guerrero Garay  Foto: Cortesía de la entrevistada

La calurosa despedida que le dieron sus estudiantes antes de partir al aeropuerto para tomar el avión que la traería a Cuba es la primera vivencia que cuenta, con el mismo énfasis, a cuantas personas van a saludarla. La joven doctora María de los Ángeles Gutiérrez La O nunca podrá separarse de Sabaneta.

Allá, en el pueblo del Comandante Hugo Chávez Frías, tampoco olvidó su isla querida y al terruño donde nació y realizó sus sueños: ser médico y salir para esas hermanas tierras a formar parte de la Misión Barrio Adentro. No pondera éxitos ni se vanagloria de sí misma. Sabe cuánto significa para los colaboradores cubanos, estén donde estén, afrontar la vida lejos de la familia y más quienes, como ella, salieron pocos meses después de graduados a enfrentarse a nuevas experiencias, costumbres y contextos diferentes.

“He llegado muy motivada. Después de tres años de conocer y convivir en los mismos lugares donde vivió el Comandante Chávez, trabajar como intensivista en el CDI de Sabaneta, ser profesora de Medicina y sentir en la gente del pueblo, los amigos, sus seguidores y compañeros de lucha y de trabajo la admiración por Hugo y Fidel me marcaron para siempre, puede estar segura.

“Ahora comencé mi especialidad en Medicina General Integral (MGI) y empezaré pronto a trabajar en un consultorio médico o el policlínico Gustavo Aldereguía, en el Reparto Santos de esta ciudad, donde pertenezco. Es una población amplía porque abarca también a los pacientes de Buena Vista, pero una aprende que salvar vidas humanas, aliviar la pena de quienes enferman, sobre todo niños y ancianos, es una labor noble y necesaria. En mi caso, honestamente, descubro cada día que amo mi profesión y me da placer entregarme a ella.”

Su vida en Las Tunas es tranquila y llena de esas enormes y pequeñas alegrías que llenan el espíritu al encontrar un amigo o a los vecinos, quienes llegan con un traguito de café o un dulce para demostrarle que su regreso definitivo les proporciona placer y seguridad pues, de necesitarlo, con tocarle la puerta basta para que Marita les recomiende un estudio, le chequeé la presión arterial o examine la garganta.

Así es esta “negrita” como le dice cariñosamente Julia, su mamá. Una tunera que llegó de cumplir con una evaluación excelente su misión y enseña por el barrio, con testimonios y recuerdos, a sentir muy cerca al Comandante de América, algo tan vital y amoroso en ella como hacer bien público y dignificar su profesión.

No es raro, entonces, escuchar por los alrededores de su casa… ¡Marita llegó de Sabaneta! e instantes después esos sonados besos que damos los cubanos, mezclados con las algarabías y los abrazos, la voz de los pregones de pan y los chillidos de los más pequeños del barrio, muchas veces tan estridentes como la música de moda que sale de alguna reproductora cercana.