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Por Graciela Guerrero Garay     Foto: De la Autora

Aunque el título parezca una retórica, facilista tal vez, no hay de otra cuando en un simple recorrido por los repartos Santos y Buenavista percibo lo que ya otros amigos y lectores me trasmitían sobre sus zonas de residencias en este municipio capital, uno de los que figura, junto a Puerto y Jesús Menéndez, como los más afectados en brotes diarreicos y casos sospechosos de dengue.

Mi alarma creció al visitar el hospital Ernesto Guevara para atenderme la vista y encontré que la consulta de “febriles” estaba al tope, así como el laboratorio de Cuerpo de Guardia para realizar los análisis correspondientes. Elena González, quien llevó a su nieta al Pediátrico por una amigdalitis, comentó también su inquietud por la cantidad de niños enfermos. Es decir, no es un juego ni sembrar pánico. Es tomar conciencia de que TODOS tenemos que tomar muy en serio la situación epidemiológica que tiene la provincia.

Muchos creen que el tema es solo de Salud Pública y hasta comentan que la celebración de los Carnavales agudizó el problema. Lo hecho ya está y no se trata ahora de buscar causas, sino solucionar problemas e interiorizar la cuota de responsabilidad que tenemos como potenciales de riesgo y sujetos activos de una cadena que únicamente con coherencia, apoyo y responsabilidad colectiva se puede detener.

Es incomprensible que todavía, con tanta información difundida por los Medios, las charlas educativas, el conocimiento barrial de la existencia de vecinos enfermos, los focos que aparecen y la evidencia de las enfermedades, existan personas que se nieguen a fumigar sus casas, no tapen sus depósitos de agua y subestimen el asunto, tal como si los vectores trasmisibles del dengue y los brotes diarreicos trajeran una lista visible de nombres y el suyo no aparezca. Ni ironía, sarcasmo ni chiste, pero solo así se puede concebir como lógica esa actitud.

Por otro lado, comprobamos que en las cafeterías y red de puntos de venta estatales está prohibido vender café, mientras en los particulares, si llevas vaso, tienes la opción. Las refresqueras cerraron, sin embargo en la feria comercial alimentaria de los domingos lo venden en pomos como es habitual. Si bien es cierto que las fábricas de refresco y cerveza tratan el agua con quimicales, me sumo a la inquietud de la lectora Virginia Flores: ¿Y los termos no son los mismos o parecidos? ¿Quién me garantiza su esterilización? No me parece desatinada su conclusión: ¿Y dónde quedo yo?  

Varias madres del seminternado Rafael Martínez trasmitieron su preocupación de cómo permitían a los cuentapropistas ambulantes vender golosinas frente a las escuelas y por las calles, y mantener abiertos los kioscos. Los niños pequeños no entienden estas cosas – alegaron- y cuando una les dice que no se pueden comprar, lloran y se forma una situación incómoda sin necesidad. Ciertamente preparar una merienda escolar diaria es difícil para muchas familias. Empero, vale hacer un sacrificio mayor y buscar alternativas domésticas antes de maximizar los riesgos.

Hablar el mismo lenguaje, decidir con inteligencia y luz larga, cohesionada y bien pensada, y poner delante la balanza riesgo-beneficio, es vital. No se puede –digo yo- apretar por un lado y aflojar por el otro. En grandes momentos, grandes decisiones, sentenciaba mi abuelo, y esta cadena hay que romperla aunque el cordón del zapato se exprima  una y otra vez.

Quizás haya que formar un escuadrón de inspectores voluntarios en Salud Pública y la Dirección Integral de Supervisión (DIS). No puede suceder que la epidemia siga en alza y la percepción de riesgo y el cumplimiento de las medidas estrictas en cada lugar se violen porque, sencillamente, no exista la presión del control y las multas. Esta batalla es con todos y hay que ganarla.