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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: De la Autora

No hay un solo día que no encuentres a un joven estudiante de Medicina tocando tu puerta o la del vecino. “Estamos haciendo pesquisa para ver si hay algún caso febril o diarreico”, dice después del cortés saludo. La vigilancia preventiva, como nos mostró José Martí en su inmensa obra, es la que cura.

Los tuneros viven momentos tensos con la proliferación de virus como el dengue y el cólera, muchas veces enmascarados con síntomas a los que estamos acostumbrados como las ingestas digestivas, los catarros o las amigdalitis y los cuales resolvemos con cocimientos, jarabes o analgésicos sin darle mucha importancia.

La alerta, sensata y responsable, es la que puede llevarnos a las instalaciones del MINSAP, desde el consultorio médico hasta el hospital, para recibir los tratamientos oportunos y especializados. A estas complejidades epidemiológicas se suma la llegada del invierno con sus lloviznas pertinaces, frialdad y humedad ambiental, las cuales provocan efectos sobre la salud, aún cuando en esta parte de Cuba dicha temporada pase prácticamente inadvertida y el frío no haga bajar los termómetros, tal como los sube en el verano.

Con todo, la exposición a la humedad aumenta el riesgo de sufrir o empeorar ciertas enfermedades y en Las Tunas, donde existen más de 90 mil 800 personas mayores de 60 años, es muy común encontrar pacientes que aluden dolores articulares, resfriados o malestares generales asociados a otras patologías pero que, antes las contingencias actuales, inquietan y los llevan a buscar ayuda en los consultorios y hospitales. El trabajo, entonces, se hace más complejo y exigente.

Quizás por eso José Alexander Perodín Labrada tuvo este 17 de noviembre un día diferente. Cursa el tercer año de la carrera y la fecha dedicada a quienes estudian cualquier nivel de enseñanza no fue de fiestas como otras veces. Está vinculado al Consultorio Médico 22 del Consejo Popular número 18, donde existen varios casos de focos del mosquito Aedes aegypti y ni tiempo le quedó para recordar esos momentos.

“Es verdad que interrumpimos nuestro proceso docente. Yo rotaba por la Sala de Medicina del Hospital Ernesto Guevara y nos mandaron a apoyar el trabajo de los consultorios. Me siento bien porque como médico estoy consciente de que es un momento clave para detener la epidemia. Damos las charlas educativas, enseñamos las formas de evitar el contagio e, incluso, hay casos en que nos preguntan por sus enfermedades, los medicamentos… aprendemos, siempre aprendemos”, dice.

Sin embargo, piensa que la percepción de riesgo en la comunidad es mínima a pesar de toda la información que recibe la población para detener la proliferación del mosquito. “Por la radio, la televisión y los demás medios no falta la comunicación. El trabajo educativo por parte de nuestras instituciones de salud es constante igual, pero es lento y difícil cortar las cadenas de infestación. La población no cumple lo orientado y los organismos tampoco.

“Es importante, pienso, convocar a trabajos voluntarios masivos para desyerbar, limpiar las calles y recoger los desechos sólidos…. Si en verdad a Servicios Comunales les falta fuerza de trabajo o recursos o no hay chequeos sistemáticos para cumplir las normas orientadas en cada lugar, las cosas pueden complicarse más. Esto es un problema de todos los tuneros porque todos podemos enfermarnos y nadie debe sentirse ajeno al mismo”.

José Alexander no pudo esta vez andar por los conciertos y las muchas actividades culturales y recreativas que convocaron los estudiantes aquí para celebrar su efeméride, pero está feliz porque desde su consulta ambulatoria- como se me ocurre llamarle a su manera de andar escaleras abajo y arriba ejerciendo su medicina preventiva- dio utilidad a su Día, toda una agotadora jornada donde demuestra ya su calibre de médico.

A la vuelta de unos años quizás lo encuentre con su sueño realizado, ser intensivista; y entonces recordaré que me hizo sentir un 17 de noviembre la grandeza de nuestra juventud y ese fuerte sentimiento que distingue a quienes, de bata blanca, nos traen siempre la esperanza de que tendremos otro sol y seguiremos la vida. Apuesto que ese martes tendrá siempre un lugar más grande en su corazón, que cualquiera de las fiestas donde no pudo estar.