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Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: De la Autora

Es difícil que algún tunero ignore la antiquísima Cafetería Oquendo, un pequeño local enclavado en el centro de la ciudad hace más de 70 años y según cuentan los más viejos moradores este café fue el mejor de todos los tiempos en Las Tunas y en Cuba.

Eduardo Pascual Castillo Ávila, vecino del lugar, rememora que “desde chiquitico estoy oyendo hablar del café Oquendo. De mucha calidad y me da gusto saber que jamás le cambiaron el nombre originario, pues esta cafetería se hizo famosa en el país desde que se abrió por su dueño, el señor Oquendo. Aquí antes del triunfo de la Revolución y en todos estos años posteriores, viene gente de todas partes a tomar café”.

Sus palabras, de llevarse a consenso público, tendrían todas las palmas, más ahora al remodelarse y ponerse a tono con los notables cambios que embellecen a la ciudad Balcón del Oriente de Cuba, donde sin egolatrías paternales se atesoran valores patrimoniales locales y nacionales con sello único, como las notables esculturas de Rita Longa, la artesanía local, las artes plásticas, la Plaza Martiana y, muy reciente, la Casa Insólita, por citar solo algunos de su capital pues en las municipalidades también existen caudales de cubanía dignos de admirar y disfrutar.

Ubicada en la calle Francisco Varona, la cafetería Oquendo igual hace retener en la memoria de habitantes y foráneos a empleados como la señora Claudina (cuyo apellido nadie supo decir, por ganar la popularidad con su nombre de pila). Este distingo se lo dio el pueblo por la calidad de la estimulante bebida que elaboraba, y hoy trata siempre de conservarlo Luis Miguel González, quien lleva 30 años haciendo el café que toman los tuneros a cualquier hora del día.

Se mantiene la tradición y nos satisface ver cómo lo degustan los clientes. Ahora vienen muchos turistas y hay más opciones de oferta, porque se le agregó un pequeño salón donde ofertamos café con biscocho, con licor, con crema, con queso y otras maneras que pida el consumidor”, cuenta Luis con el orgullo de vivir una parte de su vida en un sitio que jamás perdió prominencia en Las Tunas, a pesar de que en los crudos años del Período Especial no siempre mantuvo la calidad ni frecuencia de las coladas diarias y el deterioro se adueñó un poco de su imagen.

Por suerte, el espíritu emprendedor de los citadinos y el amor a cuanto huela a nuestro no dejó en el olvido a este recinto legendario, donde el aroma del café cubano, humeante e imprescindible, atrae, atrapa y obliga al retorno de quienes, en las mañanas, las tardes o las noches, hacen del café Oquendo un trago especial para levantar las defensas del cuerpo y el alma, fumar un cigarrillo o compartir la alegría de un reencuentro.