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Por Graciela Guerrero Garay        Fotos: Archivo de la Autora

La noticia de su muerte nos sacudió como la primera vez que tuve el sano orgullo de conocerlo y compartir una velada con él. Se cumplían entonces 10 años de hermanamiento entre la región italiana de Lombardía con la provincia de Las Tunas. Aquella vez, en el Memorial Mayor General Vicente García, de esta ciudad, las lágrimas humedecieron la bondad de sus ojos.

Sucedió mientras contaba cómo las bombas colocadas por manos terroristas en el vestíbulo – bar del hotel Copacabana, en la capital de Cuba, La Habana, mataron a su hijo Fabio. Desde esa fecha, el incansable luchador antifascista y veterano de la Segunda Guerra Mundial, se quedó para siempre unido al pueblo de esta isla y dedicó su eterno amor por la paz a exigir justicia por el vil asesinato. Con igual frenesí defendió a los cubanos.

Giustino Di Celmo vuelve a conmovernos con su adiós definitivo, a pocas horas de aquel 4 de septiembre de 1997 cuando la juventud de Fabio la truncó el  terrorismo y el dinero imperial y contrarrevolucionario. Sus partidas traen de vuelta la tristeza pero, como siempre sucede y sucederá, nos dejan la fortaleza del recuerdo y los frutos de la lucha.

Cuba, el país que hizo suyo hasta el final de su vida, al que ayudó y llenó de solidaria hermandad y se entregó a las batallas contra el bloqueo impuesto y sostenido por Estados Unidos, a la denuncia de los actos terroristas contra los cubanos, el regreso del niño Elián González y la liberación de los CINCO, lo  tendrá siempre entre sus fieles amigos y ejemplo vivo de los hombres de buena voluntad.

Di Celmo deja un espacio vacío. Aparente allí donde la muerte no borra las huellas de una vida… sobre todo si fue perseverante y justa. Su bondadosa imagen es noticia otra vez y aunque el luto y el duelo le den un tono sombrío, nada borrará su limpia historia.

Para mí y para miles, en su natal Italia y en este archipiélago gigante, su ejemplo es otra medalla de valor y fe sobre el puente solidario entre Lombardía y Las Tunas.  Tal como dijo una vez, fue al cielo junto a su hijo querido para esperar allí el 18 aniversario de su muerte. Coincidencias, quizás…, pero este 4 de septiembre otra buena estrella acompañará a Fabio. Razón llevan quienes dicen que en el Olimpo siempre reinará la luz.