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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

Imposible negar el papel social desempeñado por los coches y cocheros a lo largo de los estrangulados años del Período Especial. Sin embargo, con el tiempo estos facilitadores de servicios se han convertido en un azote popular y agentes contaminantes del medio ambiente, dignos a tener en la mirilla de control, con un concepto más abarcador que el decomiso por cualquier ilegalidad.

A ojos vistas algunos propietarios abusan de las bestias que le dan el sustento, arman “competencias” en las avenidas públicas sin respetar las leyes del Tránsito, permiten múltiples indisciplinas  (léase gritos, malas palabras, cantaletas, etc.) a sus pasajeros  y  riegan estiércol por las calles, razones suficientes para sacarlos de circulación.

Si pareciera poco,  les faltan el respeto con frecuencia a “sus clientes” al violar las tarifas establecidas “amparados” bajo la ley de oferta y demanda, no importa si la carrera es una urgencia para el hospital pediátrico o hacia una fiesta. El tema es alquilar y si el bolsillo suelta, pa΄lante; de lo contrario, la mayoría no va. Burlan los derechos éticos de quienes trabajan, las más de las veces con alta cuota de sacrificio personal y serias limitaciones materiales, pues el costo de la vida enfría pronto la tibieza del sudor cotidiano.

Aplicarles Decretos, multas, persuadirlos o denunciar la frecuencia de estas violaciones no es un fenómeno nuevo, el cual se aborda igual por los diferentes medios de comunicación municipales y provinciales pero, como ocurre casi siempre, se portan bien unos días y cuando la exigencia baja, vuelven de  nuevo  a la carga. Las evidencias de mayor impacto y generadoras de malestares notables suceden con las convocatorias masivas relacionadas con eventos como los carnavales infantiles o las festividades por el Primero de Mayo.

“Gato al agua”, parecen decir en sus estrepitosas carreras de piquera en piquera: la cobran a cinco pesos y más, según la hora o la cantidad de pasajeros. Pero tales poderes los tienen todos los días. Las trabajadoras del Centro de Higiene dan fe de que piden ese precio del Ferrocarril al Tanque si van allí, a la salida del trabajo, a buscar cómo llegan a sus casas. El 20 de mayo último, la lectora Belkis Cabrera Fonseca comunicó a esta reportera que, junto a pedir ese monto, también la ofendieron y fueron grosera con ella. ¿Hasta cuándo será esto?, preguntaba ella y cuestionaba si el Gobierno ya había llegado a la conclusión de subirle los impuestos a los cocheros. Elemental, si ganan más tienen que tributar más.

En abril, justo el 29, Magalys Acosta Comendador, directora de la escuela Tony Alomá Serrano, fue víctima de tales acciones. Los pioneros debían participar en un desfile en saludo al X Congreso de la UJC y cogieron un coche y le pidieron 5.00 pesos a cada niño. Se bajaron airados, mientras otro cochero, ante la situación, se brindó a llevarlos por $ 2.00 desde la piquera del Tanque (ubicada en las cercanías del Mercado La Unión) hasta la Universidad de Ciencias Pedagógicas, el lugar de destino.

Sondeamos más a fondo el asunto. Es evidente que transitan de manera ilegal, pues varios dieron “giros en redondo” al vernos con la cámara. También conducen bajo los efectos del alcohol, sin luces, contra el tránsito, sin ser los propietarios verdaderos. En las zonas urbanas y rurales, como sucedió recientemente en el municipio de Majibacoa, más de un accidente tiene la raíz en estas violaciones.

¿Qué pasará ahora en vacaciones? ¿A dónde podemos ir a denunciar y ver los resultados, cuando recibimos tal abuso? ¿Es tan difícil que un agente de la PNR, un Inspector o un funcionario relacionado estén en las piqueras para imponer orden y justicia? Los tuneros entrevistados tienen estas preguntas sin respuesta. Nosotros igual.