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Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: Norge Santiesteban y la Autora

El sonido de la trompeta sobresalía entre el chirriar de los carros y la estridencia de algún que otro claxon. A esa hora el tránsito suele ser constante. Busqué con la mirada entre los bancos que por las tardes se refugian bajo el follaje, en esa eterna lucha veraniega de apaciguar los latigazos del sol. El músico era joven y estaba en éxtasis, a tal punto que no quise distraerlo por tomarle una foto. Podía arruinarle todo y quizás ensayaba el arpegio de su próximo concierto.

Nunca lo supe. Los espacios verdes son magníficos, aunque por culpa de la prisa y los malos hábitos que incrusta la modernidad hayamos perdido la costumbre de detener el paso y oxigenarnos los pulmones. El trompetista no. Tocaba su instrumento una y otra vez bajo la sombra de los árboles y se veía que soñaba en medio de esa sensación de libertad enorme que envuelve el entorno de la plaza. Casi apuesto que va siempre ahí. Yo hiciera lo mismo.

La Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García González, de Las Tunas, es hermosa y altiva, saludable y amplia, igual que histórica y patrimonio vivo de hechos y momentos cumbres que marcan la vida de los tuneros. Un bello proyecto en el cual se integran arte y arquitectura con sabio encanto, gracias al talento de nuestros artistas de la Plástica, arquitectos, especialistas y constructores.

Ubicada en el declive de la Loma de Peralejo, desde donde Carlos Manuel de Céspedes dirigió un asalto a la ciudad por Manuel de Quesada, el 16 de agosto de 1869, el sitio fue un sueño hecho realidad en 1997 y la inauguró el Comandante Fidel Castro Ruz, al ganar la provincia la sede del 26 de Julio.  En la explanada también se emplazó la artillería mambisa y se destacó como tirador José Julián Martí, hijo del Apóstol.

Toda una simbología histórica recoge el conjunto escultórico, con capacidad para 125 mil personas en el área de concentración, en la cual se desarrollan los principales actos políticos y culturales de la provincia como los desfiles por el Primero de Mayo, las celebraciones de efemérides de relevancia nacional y local, conciertos culturales y actividades de corte masivo como las deportivas y los carnavales.

De corte ecológico y ambiental, el parque de la Plaza lleva el nombre de Brígida Zaldívar, la  esposa del General, y entre sus conos de sol y sombra también el sonido de un violín parece competir con los trinos de los pájaros y el vuelo de los gorriones y, por alguna razón, el trompetista calla.

Es una tarde de julio y el verano del 2015 regala su fogaje, a pesar de que el cielo viste de nubarrones negros. Se ha puesto “la bayamesa”, comenta un señor al pasar por mi lado. Pienso entonces en que la vieja tradición no falla: cuando el agua se arma por la zona de Bayamo, el aguacero es seguro.  Miro una vez más la majestuosidad de la Plaza y el parque de su entorno. ¡Cuánta premonición la del León de Santa Rita! “Quemada antes que esclava”. Llovizna… y no queda otra que apurar el paso. Las Tunas, diría el poeta, bien vale una misa en esta nueva era.