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Por Graciela Guerrero Garay  Fotos: Tomadas de JR Digital

No pude controlar la emoción ni evitar erizarme. El Historiador de La Habana, Doctor Eusebio Leal, estaba en la pantalla del televisor y decía, desde Washington DC, que la bandera ubicada en la segunda planta de la Embajada de Cuba en los Estados Unidos estaba guardada en la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García de Las Tunas y fue donada por Héctor García Soto, bisnieto del insigne mambí, conocido también como el León de Santa Rita.

Era mi querido amigo Héctor y testificante en mi novela Un hombre sin sombras quien había conservado durante 36 años la enseña arriada aquel 3 de enero de 1961 cuando, unilateralmente, las autoridades norteamericanas deciden romper relaciones con la Isla. Vuelve a salir a la luz pública internacional otra de las tantas maneras asumidas por los dignos cubanos para defender su Patria y los ideales martianos, como Pedro Rodríguez Medina, el protagonista de mi libro y cuya historia de vida da fe de ello.

Ambos cubanos, tal como dijo Eusebio Leal “quizá por caminos extraviados en determinado momento, y luego encontrando finalmente la estrella solitaria de Cuba (…)”, estuvieron unidos en la lucha y “la idea y los sueños comienzan a ser tangibles. Se citan, conversan y hacen contactos con otros amigos. La mayoría lo concibe como posible y positivo. Héctor García Soto, un cubano de cepa como él, amante de la Revolución y vinculado a su tierra natal por raíces históricas y propias, asume también la convocatoria. Es bisnieto del Mayor General de la Independencia de Cuba Vicente García González. (1)

Fue ese el hilo conductor de una amistad que hasta hoy conservo con orgullo, a pesar de que nunca lo vi personalmente en sus asiduas visitas a esta ciudad, tal como refiere mi colega Juan Morales Agüero en su artículo “La custodia de un símbolo”, publicado en la edición digital de Juventud Rebelde del 21 de julio, en el cual entrevista al historiador de Las Tunas Víctor Marrero Zaldívar, uno de los pocos coterráneos que sabían de la existencia del estandarte en esta importante institución de la provincia.

Empero, desde la última década del pasado siglo, siempre tenía Héctor la delicadeza de llamarme por teléfono y comentarme del avance de la ciudad, cómo disfrutaba de las actividades por los aniversarios de la misma y del trabajo que hacían en el exilio por la eliminación del bloqueo y la Liberación de los CINCO, entre otros temas relacionados con el proceso investigativo y editorial de mi novela, para la que me dice: 

“La Alianza Martiana la organizó un grupo de cubanos residentes en la ciudad de Miami, entre los principales estaba Pedro Rodríguez Medina y su tocayo Pedro González Munné y mi amigo Max Lesnik del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), que actualmente es el Delegado General de la Alianza Martiana.  Yo me sumé posteriormente al proyecto.

“Se inauguró el 28 de Enero del año 2001 en un céntrico Hotel de la ciudad de Coral Gables. Empezaron a sumarse cubanos que estaban en contra del bloqueo de Estados Unidos a Cuba. Recibió mucho apoyo la Alianza Martiana y muchos se hicieron miembros durante el primer año. Hubo muchos donativos por parte de compañeros que integramos la Alianza, para tener un local donde poder funcionar y la propaganda impresa para dar a conocer nuestro  proyecto.
“Quiero resaltar que una de las más valiosas donaciones, tanto en dinero como en equipos para la radio - que posteriormente se llamó Radio Miami - fue la del compañero Pedro Rodríguez Medina, que inscribió la organización en el Estado de Florida de acuerdo con las leyes vigentes, como organización sin fines lucrativos. “Además de otras donaciones para el mejoramiento de la agrupación en todos los proyectos que enfrentamos cuando salíamos de Miami a algunas ciudades del Estado de Florida, con el propósito de dejar constituidas delegaciones en otras ciudades”. (2)
Un hombre leal, correcto, sincero, valiente y patriota por encima de todas las cosas, tan tunero como el que más. Fiel a sus ancestros, sin vanidad alguna. Nunca me habló de la bandera ni su trabajo en el consulado, por eso la noticia me estremeció como a la mayoría de mis conciudadanos, quienes desde este histórico 20 de julio hablan del tema con mucha admiración, respeto y orgullo. Los más comunicativos, incluso, tocaron las puertas de sus vecinos para que encendieran el televisor y vieran las declaraciones de Eusebio Leal.  

Hermoso gesto de Héctor García Soto que estará eternamente ligado al momento histórico del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre dos naciones donde la vida, los hechos y los hombres demuestran que jamás se perdió la cubanía y el sentido martiano de que Patria es Humanidad.

Y allí, en el salón principal de la segunda planta de la Embajada, la bandera cuidada por él y custodiada primeramente en el Museo Vicente García y después en la Plaza de la Revolución dedicada a su ilustre memoria, hablará siempre de las raíces y la honra de un pueblo que germina, multiplica y abre corazones a un tiempo mejor duela y pese a quienes todavía no tienen alma para verlo, porque el amor que la resguardó por largos años engendra esa maravilla. Es Cuba, inmortalmente… Cuba.

Citas: (1) y (2)…De la novela Un Hombre sin Sombras, editado por Letra Viva, Coral Gables, FL EEUU.