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Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: Yaciel de la Peña y 26 Digital

Los Juegos Panamericanos que se celebran en Toronto, Canadá, mantienen a la mayoría de los tuneros con sus televisores encendidos para ratificar, una vez más, la pasión por el deporte que sienten los habitantes de este Balcón de Oriente, al tiempo que es una manera de disfrutar del descanso y evadir la búsqueda en la calle de opciones recreativas, pues las altas temperaturas y el intenso sol que hay por acá obliga a pensar si salimos o no de casa no más despierta la mañana.

Sin embargo, tales preferencias veraniegas no limitan para nada el contrapunteo familiar y el “tresydos” de estar de vacaciones que sucede, en cualquier parte, cuando chicos y chicas empiezan a decir cada minuto… “estoy aburrido(a)”.  Alguien tiene que llevarlos de paseo, es una regla inevitable. A dónde vamos es la próxima contienda entre abuelos o padres; los tíos o el vecino más cercano.

Este dilema tiene sus encantos y, al final, resulta lindo y distintivo en la vida provinciana, donde el ocio, la cultura, el deporte y la historia van bien juntos de las manos. Por eso no es extraño que los Museos reciban por estos meses la visita de personajes muy curiosos y pequeños, tutelados por la familia o los guías de las instalaciones que asumen el rol de campamentos vacacionales, las cuales incluyen en sus programas recreativos diferentes excursiones para acercarlos al conocimiento instructivo durante julio y agosto.

El Memorial Mártires de Barbados es uno de esos sitios que suele ser protagonista de estos interesantes encuentros en la ciudad de Las Tunas. Allí, antes del 2 de Julio de 1978, cuando lo inauguraron, estaba la vivienda del esgrimista olímpico Carlos Miguel Leyva González, uno de las jóvenes víctimas del sabotaje al vuelo 455 de Cubana de Aviación en las costas de Barbados, el 6 de octubre de 1976.

A honrar a este tunero y los 73 pasajeros que venían en la nave está dedicado el histórico Museo, diseñado al estilo americano, con dos pisos de madera, y ubicado en la esquina que forman las calles Lucas Ortiz y Mártires de Barbados, en la zona oeste. En sus tres salas se muestran las fotos de los mártires del vil atentado terrorista, pruebas irrefutables del vandálico hecho, un fragmento del avión DSC-43 y objetos personales y relacionados con el decursar deportivo de Carlos Leyva y Leonardo Mc Kenzie.

En el patio del Memorial, la escultura del matancero Juan Heznart Hedrich, “Nuestros muertos alzando los brazos”, es una alegoría a la injusticia cometida contra esas personas inocentes y al repudio internacional que tiene, aún en el tiempo, uno de los actos terroristas más cruentos cometidos contra la Mayor de las Antillas y su pueblo.

Estos valores patrimoniales sirven por estos meses estivales para que los más pequeños y adolescentes tuneros aprendan lo sucedido a tantos cubanos, entre ellos los dos jóvenes de su ciudad, a quienes se les cegó la vida a pocos minutos de que la nave cubana despegara del aeropuerto de Seawell, en la igual caribeña isla de Barbados.

Muchos de estos noveles visitantes vuelven a escuchar el nombre del asesino que descubrieron en toda su horrenda dimensión en los matutinos de la escuela: Luis Posada Carriles. Pero también recuerdan la frase magistral de Fidel Castro en aquel triste momento de la Patria… “cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”.

La visita al Memorial cualquier día de este verano deja huellas y una motivación pendiente: ir a otros Museos, lugares donde ocio e historia se entrelazan y hacen un binomio sano, porque mueven el intelecto del espíritu. Nada mejor para narrar después en las composiciones de Lengua Española.  O atropellarlo todo de regreso a casa como hizo Yan David, un niño de seis años quien no dejó a su abuelo que contara nada porque “no habló con la muchacha que le enseñó las cosas de Carlitos, porque estaba allá fuera con un hombre que vende sombreros”.

Los Juegos Panamericanos de Toronto traen patas arriba el ánimo y los televisores, pero los paseos por la ciudad son inevitables. Yan David no olvida al “Mártires de Barbados”, el lugar exclusivo  de Cuba que recuerda un día aciago, un día que tantos años después ya no es triste, aunque las heridas estén vivas. Él quiere ahora ser esgrimista y siente algo que no sabe explicar.

El abuelo lo besa… esas cosas nunca la muerte se las lleva. Seré recurrente, pero este paseo de verano y la vivencia que me cuentan mis amigos me hace pensar, otra vez, que la oscuridad está llena de luz. Tal vez por eso las golondrinas vuelven y eternamente volverán.