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Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: De la Autora

Virtualmente en Cuba están a las puertas las vacaciones masivas. Con el cierre del curso escolar y la llegada de los meses de julio y agosto las familias proyectan ese encuentro cercano que, durante todo el año, apenas se reduce a un par de horas en la vida real, si restamos al compartimento cotidiano las horas de sueño y el tiempo que dedican al estudio y el trabajo.

María añora los baños de mar junto a los nietos, a quienes apenas puede ver pues al terminar la tarde, Yanka, la hija, los recoge en el seminternado, pasa por su casa a darle una vuelta y sigue a la suya. Uno que otro fin de semana están juntos, pero queda la sed espiritual insatisfecha.

Sin embargo, los viajes a las playas ya no son tan placenteros como antes. El fuerte sol que marca cada vez más la temporada estival deviene temor-precaución- limitación para cientos de tuneros, más para los alérgicos y con orientaciones facultativas de no exponerse a los rayos del astro. En tanto, otra cifra importante de personas sabe de los riesgos de las enfermedades de la piel y las advertencias de científicos y médicos sobre el particular y, en consecuencia, revaloran dicha opción.

Aún con todo, los balnearios naturales y las piscinas ocupan la preferencia y el deseo primario de la familia y la grey, esencialmente, a tal punto de sentir frustración o dar por sentado que “las vacaciones pasaron por alto, porque no pudimos darnos un capuchón”, modismo muy utilizado entre cubanas y cubanos cuando se refieren al tema. La panacea, al final, es cubrirse el cuerpo con ropa casi invernal o usar protectores solares.

Justo ahí está el dilema que imponen estudios epidemiológicos de acreditados investigadores del mundo, cuyos resultados reciben un pálido tratamiento en las agendas públicas de los Medios de Comunicación, y tampoco son siempre informados a los pacientes por los médicos que atienden sus alergias, las cuales incrementan por horas las cifras de afectados y en el 2013, por ejemplo, involucraba en Cuba al 49 por ciento de la población.

Un informe publicado hace exactamente un año en el portal inglés “The Independent”, realizado por especialistas del Instituto Karonlinska en Suecia,  determinó que las personas que evitan tomar sol durante el verano tienen  dos veces la probabilidad de morir de cáncer de piel, sobre aquellas que lo toman a diario.

Tal estudio epidemiológico abarcó a 30 mil mujeres de más de 20 años y concluyó que el dogma convencional que aconseja evitar las exposiciones solares y cubrirse con protectores, para reducir sus efectos, tiene un impacto más bien negativo. La determinación se debe al excesivo uso de las cremas, con lo cual se bloquea la capacidad del cuerpo de producir vitamina D3, generada a base de los rayos  ultra violetas  y es el formato más beneficioso de vitamina D, cuya carencia puede conducir  a formas agresivas de ese tipo de cáncer.

Otra investigación publicada en Cancer Prevention Research, en 2011, indica que los niveles óptimos de vitamina D en la sangre permiten protegernos de las quemaduras solares y de la mortal enfermedad. Igual evita enfermedades como la esclerosis múltiple, el raquitismo en los jóvenes, la tuberculosis, diabetes tipo 1, artritis, dolencias inflamatorias del intestino y síndrome de Sjogren.

El tema, más que interesante, tiene tela por donde cortar pero si hay algo vital en este asunto es saber que prestigiosos científicos, dermatólogos e institutos en diferentes épocas afirman que los protectores solares son dañinos, no solo en los seres humanos sino también para el medio ambiente.

Con estas nuevas advertencias, los tuneros que buscan nuestras hermosas playas para vacacionar en familia deben ser prudentes y asumir conductas inteligentes y disciplinadas según sus casos y diagnósticos; y quienes añoran bronceados “sexy” pensar un poco más porque, al final de cada historia, la salud es lo importante. De nada sirve un chapuzón de altura, para luego borrar las alegrías del verano con lágrimas y daños irreversibles.

La energía solar es saludable y es una verdad tajante. Si malo es quedarse corto, igual es pasarse. ¿Qué hace con su piel?, cuídela porque ella es el vestido natural de nuestro cuerpo y todavía no hay costurera que la haga a la medida, ni con remiendos, parches o injertos.