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Escrito por Graciela Guerrero Garay  Fotos: De la Autora

Tal como el inicio del curso escolar es todo un suceso en las familias y sociedad cubanas, su recta final tiene el mismo efecto por cuanto define hasta dónde los esfuerzos de cada día  cumplieron sus objetivos.  Por estos inicios de junio la tensión hace galas en la casa y la escuela, mientras el Año Académico 2014-2015 virtualmente cierra puertas en el archipiélago.

En cientos de hogares se espera el otorgamiento de carreras para el ingreso a la Educación Superior y quienes cursan la Universidad concluyen sus exámenes finales. En la Primaria se preparan para realizarlos en la segunda quincena o recibir, según el grado, las notas definitivas, en tanto por las secundarias básicas acontece igual proceso, el cual indiscutiblemente preocupa e involucra a padres, estudiantes y docentes.

Las Tunas, por citar el terruño, matriculó en el presente período lectivo a más de 90 mil alumnos en todas las enseñanzas, y en el país la cifra llegó a un millón 800 mil, ahora dedicados a intensificar el estudio individual, entregar los Trabajos Prácticos de determinadas asignaturas, hacer sus Tesis de Grados o las llamadas Pruebas Estatales, otra opción a la que pueden acogerse para obtener el título profesional.

Es difícil que alguien “escape” de este suceso masivo, gratuito y social pues, aún cuando no exista un escolar en casa, la gente sigue de cerca la recta final del curso por un familiar cercano o el vecino,  algo muy peculiar en cualquier parte de la Isla y propio de la idiosincrasia solidaria y afectiva que distingue los preceptos y principios  de la sociedad cubana.

Nada de extrañar entonces que los habitantes de esta nación caribeña trasladen tensiones, expectativas, esperanzas, inquietudes, decepciones y alegrías a los predios comunes de convergencia pública y las opiniones vayan a favor o en contra de los métodos actuales de evaluación, las reformas que buscan una mayor calidad de la prestigiosa Educación en Cuba o la objetividad o subjetividad de sus chicos y chicas de salir airosos y avanzar un paso más en la escala instructiva.

De cualquier manera, la suerte está echada – o se definirá- dentro de pocos días cuando delante de los exámenes el deseo no será la última carta, al margen de lo establecido para cada tipo de enseñanza. Los resultados ilustrarán la entrega cotidiana a lo largo del año escolar y, eso, va con todos: alumnos, docentes y familia. Un trinomio que guste o no debe funcionar de manos apretadas desde el inicio hasta el final. Es la única manera de recoger manzanas y no peras.