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Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: Cortesía Jardín Botánico y de la Autora

Cuando las vi, enseguida vino a mi mente que expertos del Jardín Botánico participan como colaboradores en un proyecto internacional para el estudio de la familia de las Zamias. Me parecía increíble que “las palmitas” de mis vecinas Yisel y Brígida fueran de esos fósiles botánicos vivientes, en peligro de extinción.

No nací en una casa de jardines grandes, pero amo las flores y las plantas. Formó siempre parte de ese romanticismo lelo que me ganó la burla de quienes yo  ripostaba con aquello de amigos y hermanos patéticamente fríos. Lo cierto es que las verdes ramas abiertas y bonitas de los dos ejemplares que tenía delante eran, según mi “fotografía mental”, muy iguales a las cultivadas en ese oasis científico tunero.

Hablé con el especialista y Subdirector Técnico Eliecer Leyva Piña e, incluso vía email, me envió dos Zamias que cultivan en el Jardín Botánico, el cual cuenta con una colección muy documentada al respecto y fue la que le permitió insertarse en el proyecto que integran además el Instituto de Ecología y Sistemática, la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna y el Instituto Montgomery Garden, de Estados Unidos.

Según los especialistas, las actuales poblaciones de zamias pueden encontrarse en la Isla desde las faldas de la Sierra Maestra hasta el sur de Las Tunas. De cualquier manera aunque las sembradas en mi barrio no sean parte de esta familia (conocida como yuquilla de ratón), vale disfrutar de su rara belleza y tenerla en el jardín de casa, pues estos encantos verdes de la naturaleza encierran los secretos de la vida misma. Por ejemplo, cuentan que las zamias son muy primitivas y nuestros aborígenes la utilizaban para elaborar sus atoles.

Y lo cierto también es que aún con el asombro en los ojos y las palabras, Brígida seguía con eso de… “¿estás segura que esos son fósiles de qué…?” Nos reímos y deleitamos con las bonitas Cycas circinalis que gentilmente nos identificó Eliecer, al tiempo que conocimos las verdaderas zamias, esas reliquias de la botánica que hay que cuidar si los tiene cerca de su entorno, pues de ello depende que no desaparezcan nunca.

Tampoco les faltó razón a mis vecinas cuando alegaron que sus plantas fueron traídas de un país lejano por la abuelita de uno de sus yernos. Leyva Piña, al conversar con 26Digital, nos enseñó que son plantas exóticas originarias de los países asiáticos y que existen Zamias además en el reparto Aurora, propiedad de una ancianita que tiene una colección muy interesante. Allá nos llegaremos pronto, porque el reino vegetal es tan vital como el agua y a todos nos compete amarlo y preservarlo, más cuando los tuneros somos afortunados por tener especies muy valiosas.