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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: De la Autora

Apenas el sol despunta por el este y estrena de vez en vez sus rayos escarlatas comienza por esta ciudad un movimiento hermoso. Para muchos, la rutina y la costumbre quizás lo demeriten. O tal vez pocos se detengan a pensar cuánto vale esa imagen de niños y jóvenes camino a la escuela, que se pega a los ojos todas las mañanas.

En una cifra en la cual no me detengo, entre ellos van a pie, en bicicleta, solitarios o en grupos los estudiantes de medicina de la Universidad de Ciencias Médicas Zoilo Marinello, de esta ciudad de Las Tunas, con sus batas blancas y un paso seguro, sea lento o de prisa, da igual.

Después, esos mismos que una ni el nombre les sabe, los encuentras en los pasillos de los hospitales, los cuerpos de urgencia, los laboratorios, el policlínico y los consultorios del Médico y la Enfermera de la Familia. Entonces, “aterrizas”, y la mente te los devuelve al mismo lugar donde el azar y los caminos los cruzaron contigo.

La noticia no me sorprende cuando la leo en el sitio digital de la Radio en la provincia (www.tiempo21.cu): once tuneros de las especialidades de Medicina y Estomatología asisten al Vigésimo Sexto Fórum Científico Nacional  Estudiantil, cuya sede es Villa Clara y concluirá el próximo primero de marzo.

Los resultados en áreas de la investigación científica – con el estudio a problemas de salud entre la población del territorio- como la caracterización a pacientes pediátricos con labio y paladar fisurados, la incidencia del cáncer bucal en el 2012-2013 en el hospital Ernesto Guevara y tratamientos educativos en escolares afectados por la enfermedad gingival, están entre los trabajos destacados.

Si es importante para ellos saberse desde tan temprana edad con herramientas a defender desde sí y para el bien de la humanidad, sin minimizar lo que representa para la Universidad en Las Tunas tenerlos allí, su presencia no es fortuita, porque desde el inicio de la carrera se familiarizan con los problemas de salud y desempeñan tareas de asistencia médica, junto al valioso claustro científico de profesores, especialistas, técnicos, enfermeros y personal paramédico que existe en la provincia.

Augurar algún premio es prematuro y, tal vez, hasta pretensioso. Vale más, creo, saber que expondrán igual sobre la insuficiencia cardiaca secundaria al infarto agudo de miocardio y el impacto de las bases moleculares del cáncer en su diagnóstico y tratamiento, otra enfermedad que en Cuba dispara las curvas de manera ascendente y en el mundo es una de esas pandemias irreversibles que ciegan la existencia del hombre, sin importar la edad ni cuán necesarios sean.

Confieso que la noticia me llena de orgullo y seguiré admirándolos al encontrarlos a mi paso por la ciudad y los consultorios. O al verles “guapearle” la vida a cualquier tunero en sus turnos de guardia.  A ellos, como a quienes les enseñan sus conocimientos, no hay que saberles el nombre propio. Son nuestros médicos, en presente y futuro, y tienen madera, madera para aniquilar la muerte con casi nada. Perdón, con mucho. Corazón y talento. Eso alcanza.