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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: De la Autora

Aunque el sol y sus fogajes validan desde siempre que este oriental Balcón Cubano es una tierra caliente, típica del eterno verano que caracteriza a la isla, entre los tuneros el vocablo “clima” se escucha con más frecuencia que nunca, sobre todo en los espacios comunes que comparten en mercados, centros de trabajo, estudios, reuniones vecinales o encuentros fortuitos en lugares públicos.

Frases como “¡qué calor, dios mío!”. O  “ahora sí el frío está que pela” resultan, en la cotidianidad, una nueva y frecuente manera de intercambiar saludos entre conocidos y no, tal vez por aquello de que los vaivenes del tiempo los afectan por igual y es de cierta forma un escape consciente o inconsciente de los pensamientos que gravitan sobre sus estados anímicos.

Al margen de modos de expresión o “pretextos espirituales”, Las Tunas es hoy una de las provincias cubanas de menor índice de precipitación del país y se habla con argumentación científica de que más de cuatro mil personas se afectarán, para el 2050, por la elevación del mar.

Lo que en años anteriores muchos residentes se tomaron a la ligera, ahora les llama la atención más allá de los estudios y aportes de los investigadores del territorio, quienes insertaron al programa de ordenamiento costero las conclusiones de los análisis relacionados con la adaptación al cambio climático.

La interiorización de estos sucesos y los efectos del clima parecen sentirlo con mayor fuerza los tuneros que padecen de asma, alergias y artrosis, por lo que es común escuchar entre los ancianos – quienes ocupan el 17 por ciento de la población – quejarse de dolores óseos, cefaleas y malestares indefinidos, a los que suman estados gripales, congestión nasal y, en determinados casos, agudización de la sinusitis.

Científicos de varios países advirtieron estas afectaciones sobre el cuerpo humano cuando confirmaron lo irreversible del cambio climático y su amenaza sobre la vida en el planeta, en tanto los investigadores de Las Tunas concluyeron los estudios de peligro-vulnerabilidad y riesgo para fenómenos naturales, como las penetraciones del mar, inundaciones por intensas lluvias, la sequía y fuertes vientos.

El comportamiento de la temperatura – un aspecto que trasciende a la opinión pública por sus “hipos de calor y frío”, al margen de las afirmaciones científicas -, es un tema donde los especialistas locales fueron encomiados por las indagaciones para mitigar sus consecuencias, así como el estado de las lluvias y el retroceso de la línea costera.  

De cualquier manera, bajo el prisma de la ciencia o no, los tuneros sienten sobre la piel y la existencia diaria las transformaciones y adversidades del clima y, con respecto a la intensa sequía que azota a la región en los últimos años, igual toman mayor consciencia al momento de utilizarla y aceptan ya sin muchos prejuicios proyectos como el Programa de Innovación Agropecuaria Local, el cual induce a los campesinos a producir alimentos en ambientes más secos y suelos de baja calidad con la aplicación de tecnologías agroecológicas.