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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: De la Autora

Apuesto a juntillas que nadie pasa por la transitada Avenida Camilo Cienfuegos sin mirar el color cielo que estrena hoy una de las siete maravillas de la ingeniería en Las Tunas, cuya construcción comenzó en el distante 1961 y terminó en 1967.

Todavía no puede apreciarse la belleza conclusiva del proyecto y la imaginación de los tuneros vuela y agradece la noble idea, concebida como un emporio cultural muy necesario en un lugar donde pobló por años el marabú y los solares yermos en la década del 50 y, después, al dar señales las primeras huellas del incipiente desarrollo económico, social y político de la región empezaron a nacerle en su entorno edificios multifamiliares, calles, aceras e instalaciones diversas.

Sin embargo, ni las tiendas con aires modernos de los últimos años, el policlínico que atiende las urgencias médicas de la zona más poblada de la ciudad, los servicios gastronómicos, las telecomunicaciones, la sucursal bancaria, la Casa de Cambios CADECA, los puntos privados de alimentos ligeros, las escuelas….en fin, nada, ni por viejo ni por nuevo, le han podido quitar la relevancia histórica al Tanque de Buena Vista.

La singularidad va más allá de la costumbre y su capacidad de almacenar 500 mil galones de agua, cuya explotación inició en 1973 y fue también otro impacto trascendental, tal como ser el área bailable más popular de la zona Este de esta capital y uno de los sitios más visitado, sino el más,  durante los carnavales tuneros y las actividades culturales de fines de semana, conciertos de populares artistas locales y foráneos y eventos masivos de cualquier índole.

Quizás hoy, ante la proximidad del nacimiento de una elegante, funcional y atractiva plaza cultural, algunos no estén muy convencidos de que se rompa el arquetipo  de ser eje popular de esas costumbres, aunque nadie niega que la singular obra levantada por el método tradicional y cuyas paredes fueron fundidas con winches y carretillas  durante 76 ininterrumpidas horas, será el lugar más hermoso de los repartos Santos y Buena Vista.

Esta certeza viene de generación en generación, así como se llevan los amuletos para espantar la mala suerte. La diferencia aquí es que el Tanque espantó el subdesarrollo y todos le llevamos pecho adentro porque lo esencial siempre será invisible a los ojos: se mira con el corazón. Y él está ahí, a 31 metros de altura, bajo un cielo azul y limpio, amoroso y solidario, ciento por ciento tunero.