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Por Graciela Guerrero Garay  Fotos: De la Autora

Hasta las últimas décadas del pasado siglo, vivir en el Este de la ciudad de Las Tunas era un conflicto cotidiano para quienes decidieron un día poblar lo que hoy clasifica en temas demográficos como el epicentro poblacional de esta capital, bautizada como el Balcón del Oriente de Cuba y una de las provincias creadas en el país a raíz de la división político-administrativa de 1976.

No pocas veces cientos de tuneros estaban obligados a trasladarse “al pueblo” – como por tradición llaman al centro capitalino- para resolver sus problemas domésticos y de otra índole, entre ellos servicios elementales como los de Óptica, de muy alta demanda, con faltantes reiterados de recursos y solicitados por todos los grupos etarios, tanto urbanos como rurales.

“La mejor decisión concebida para los planes de desarrollo de los Repartos Santos, Buena Vista y las áreas periféricas de esta zona fue construir la Óptica, pues hacía mucha falta y nos evita incontables molestias”, afirma Viviana Menéndez  Sánchez, quien se desempeña como Recepcionista del Departamento de Ultrasonido del policlínico Gustavo Aldereguía, otro centro relacionado con la salud y de fuerte impacto social, el cual acercó a esos núcleos poblacionales un estudio- diagnóstico necesario y seguro y existente, igual por largos años, únicamente en el hospital Ernesto Guevara de la Serna.  

Su opinión la comparten una docena de pacientes, entrevistados en la sala de espera de la Unidad 755, reconocida como la Óptica de Buena Vista, donde todas sus trabajadoras son mujeres y tiene notables resultados en la fabricación de espejuelos, a pesar de que no siempre es estable el suministro de armaduras y cristales para suplir las demandas oftalmológicas, sobre todo cuando se trata de bifocales o graduaciones específicas que exigen determinados procedimientos en el corte y monte.

DETRÁS DE CADA ROSTRO

Las cubanas sortean cada día una cadena de obstáculos para mantenerse activas laboralmente y, al unísono, desempeñar sus roles domésticos, un fenómeno que en este territorio oriental involucra a un gran número de ellas pues la fuerza femenina en Las Tunas alcanza importantes cifras en temas de incorporación al trabajo (sea estatal o privado),  está calificada técnica y profesionalmente e, incluso, destaca por encima de la media nacional en ocupar cargos de dirección, razones que validan mucho más los méritos del colectivo.

 A la joven licenciada Kirenia Bejerano Rodríguez la vanagloria no la asalta al expresar: “Esta unidad es de Referencia Nacional dentro de su categoría; somos Colectivo Moral por varios años y Mejor Óptica desde su fundación hace más de una década”.  

El mito de que es difícil ser mujer y administrar un centro con empleomanía totalmente femenina, aquí tal vez marque la excepción de la regla y destaca el trabajo en equipo y un equilibrio personal y laboral responsable. Kirenia lo corrobora al agregar que “en Septiembre pasado ya habíamos cumplido el plan de venta del 2014, con 404 mil 832 pesos, pero lo esencial para nosotras es que los pacientes –clientes salgan complacidos”.

Está feliz de administrar y contar con compañeras valiosas y todas Licenciadas, aunque cada una tenga sus funciones específicas. De ahí que el milagro del buen servicio aflore. “Mensualmente atendemos unos 33 mil 736 clientes como promedio y a diario, mil 405-enfatiza-.  No siempre las ofertas de armaduras complacen a las personas, pero si no pueden esperar la entrada de otros modelos, buscamos la manera de proponerles diseños que les favorezcan, darles alternativas y que salgan de aquí con sus espejuelos.

“Ese es nuestro compromiso interno, dar satisfacción y quien solicite el servicio resuelva sin tener que invertir tiempo en volver una y otra vez para obtener lo que busca. A veces, es mucha la demanda y los recursos que llegan no alcanzan. Se hacen colas, pero nos esforzamos para  evitar aglomeraciones innecesarias. Es un estilo de trabajo creado desde la apertura, así como no retrasarnos en el tiempo de entrega”, afirma Kirenia y, al estilo del nado sincronizado, las demás trabajadoras asientan con la cabeza.

BUENA VISTA EN BUENA VISTA

En la provincia cubana donde existe la mayor esperanza de vida al nacer, 79 y más años, y el envejecimiento poblacional es del 17, 2 por ciento –según cifras del Censo de Población y Viviendas del 2012-, el incremento de la demanda de espejuelos es dialécticamente lógico, hecho comprobable en la cantidad de tuneros que asisten a los centros de Retinosis, consultas oftalmológicas y Ópticas en esta capital y los restantes municipios.  

Por otro lado, el desgaste gradual de la visión por el paso de los años, el esfuerzo visual continuado en empleos y profesiones beneficiadas con altas tecnologías como la digitalización, la poca iluminación o condiciones idóneas que contribuyan a reducir las normales afecciones de la vista convierten, de conjunto, a estos colectivos en punteros de este tipo de servicio, pues aquí termina el proceso de corregir los defectos visuales o llevar en los ojos los lentes y graduaciones exactos.

Con estas realidades, las 13 trabajadoras de la Óptica de Buena Vista llegan cada día al modesto local donde trabajan y lo hacen ininterrumpidamente de 8.00 a.m. a 5.00 p.m, aún cuando cierran al mediodía para realizar un apurado almuerzo y se alternan para poder cumplir la entrega y atender al numeroso público que todas las semanas busca allí sus espejuelos.

El esfuerzo también está a la altura de asumir el desempeño de las tres colegas que cumplen misión internacionalista en tierras hermanas o evitar un posible “bache”, ante una emergencia personal de alguna de ellas. Si los suministros y los recursos están ahí, el cliente tiene que salir satisfecho.

Mantener estos resultados en el 2015 y seguir en la lista de las ópticas de Referencia del país es la meta. Las sonrisas y los rostros adornados ahora con la elegancia de lentes nuevos, modernos, bien hechos y casi siempre a gusto auguran que el camino está hecho. Sin cacofonías, en Buena Vista se garantiza con amor una buena vista a sus moradores.