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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

Encendí un cigarro y después otro. Abrí la carpeta de fotos de mis hijos, de los hijos del barrio, de los chicos que conozco… en todos descubro brillo en los ojos, sonrisas… las instantáneas cuajan sobre la resolución digital momentos cotidianos… la escuela, los juegos…el disfrute de los carnavales, sus mascotas.

Visten acorde al momento, con sencillez y nada de andrajos ni insinuaciones de diferencias de clases. El vástago de un intelectual luce una pitusa de mezclilla lo mismo que el de un obrero. La gente se acepta tal cual es. La química personal y  la cercanía afectiva –social – familiar prevalecen para el acercamiento.

Los tuneros – cubanos al fin, no son diferentes-.  Un domingo como este puede ser de rutina. Despertar, colar el café, acomodar la casa, preparar el desayuno, ir de compras a buscar la papa del día.  Los creyentes van a misa. Otros visitan familiares y amigos o aprovechan el descanso laboral para dormir la mañana. En una palabra, cada quien hace su proyecto de vida, a su modo, con seguridad y en un ambiente de cordialidad barrial y social envidiables.

Así es la vida acá, con la velocidad del fonograma que el canal TeleSur trasmite las imágenes de padres de los 43 estudiantes desaparecidos en la localidad mexicana de Iguala, en el Estado de Guerrero, allí donde mismo se elaboró la primera bandera del país y en sus calles se proclamó la independencia, un 24 de febrero de 1821.

El dolor es tan grave como la denuncia y  la certeza de que las mismas fuerzas del orden fueron los responsables. En mi ciudad, Las Tunas, y mi país, Cuba, suceden alguna que otra vez trifulcas callejeras, aflora la violencia interpersonal, familiar, pero jamás pasó ni pasará esto. La Policía Nacional Revolucionaria (PNR) cuida al ciudadano, incluso creo que es hasta benevolente con los más conflictivos.

Recuerdo justo ahora cuando el mes pasado, para la fecha de los carnavales, desfilaron por las calles en sus carros y sus motorizadas y la gente salió a los portales y balcones de las casas a saludarlos, mientras los transeúntes hicieron un alto para ver la caravana. Trasmitían confianza y se les recompensaba con la alegría de verlos y saber que serían un contén ante cualquier desorden público.

Diferencias notables que silencian los grandes medios o intentan minimizar entre el torrente informativo de sus “intereses”, nunca cercanos a las grandes masas que necesitan una buena dosis de palabras rojas y no tanto amarillismo contaminante e inhumano.

Para esos padres no habrá jamás consuelo, ni aunque se pudran en la cárcel los culpables. Ni matándolos. Eso lo sabe el demonio de todos los demonios, pero por doquier siguen matando a inocentes en la plenitud de sus vidas y, por demás, hay que soportar que digan que los míos, los chicos tuneros, los cubanos, son víctimas de la violación de los derechos humanos que la gran prensa y sus amarillos seguidores acuñan para desacreditarnos.

Este horror de los estudiantes de Iguala tiene que saberse a los cuatro vientos, porque los chicos de cualquier parte deben encontrar la brújula. El terrorismo tiene alas y es un títere del águila. Este domingo mis chicos se levantan y abrazan el domingo. Hay rosas y pinceles rojos por doquier. Huele a vida, aunque los grandes medios vendan en las cuatro esquinas hojas amarillas.