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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos. Archivo de la Autora

Su cabalgata por América será infinitamente eterna. Nadie muere cuando sus ideas perduran, se multiplican, se absorben, se buscan como referencia, se levantan como banderas, se siguen como ejemplo.

El Che será eternamente el Che. Ernesto Guevara de la Serna no murió en octubre. Sus asesinos se equivocaron para siempre. Justo con el disparo le dieron nueva vida. Lo inmortalizaban. Lo resucitaban. Así de ignorantes son todos los que piensan que arrancando las flores, matan la planta. Ahí dentro queda la raíz. Y si arrancan la raíz, queda la memoria. Siempre habrá alguien que la guarde en el recuerdo. No muere. Perdura.  

Muchos no gustan – critican, condenan, blasfeman, se revuelven… - dar imagen vívida a los muertos. Creo no resisten, no aceptan, no admiten, no y no…, que el ultimátum haya pasado a la gloria. Que no pudieron fulminar el átomo que multiplica el coraje, el ideal, la lucha, el sacrificio, la entrega y toda la Revolución que llevó dentro. Che será eternamente el Che. América es él, ¿quién lo duda ahora?

Cae y se levanta. Emerge desde la humildad. No teme a las desgarraduras. Une las fronteras. Echa a andar. Sabe del peso de las cadenas que intentan mutilarle el vuelo de aire fresco, libre, humano, armonioso y poblado con los más. ¿Quién niega que esté en Honduras, en Bolivia, en Argentina, en Ecuador, en Brasil, en Venezuela, en Chile, en Cuba, en Perú, en Paraguay, en Colombia…? ¿Cómo puede África negarlo si cada vez con más fuerza seca las lágrimas oscuras del apartheid, la miseria, la desigualdad?

No está muerto. No murió. Ya no estará más con su tabaco ni su boina, pero es el corazón de los humildes. Nunca dejó de estar, ni en el instante mismo en que la sangre se enfrió en el cuerpo. No lo busquen en La Higuera. No traten de encontrarlo en una estatua. No lo persigan por los cementerios. Nada es cierto. Son costumbres vitalicias del ritual de la muerte y de la vida.

Che está por doquier. Es el primer grito de un niño al nacer. Es la energía que resiste. Es el indio que descubren el sol. Es la esperanza que resurge en el ALBA. Es el sueño de la unidad latinoamericana. Es el valor de los hombres que aman, construyen, hacen puentes y levantan manos negras, blancas, mestizas… Es la tierra que huele a libertad, a sudor compartido, a pequeños detalles cotidianos. Es el sendero de la luz que salva de la hecatombe que anuncian los apocalípticos. Es el mundo que late por justicia, que condena la guerra, el terrorismo, la desigualdad, el hambre, la injerencia, el despojo, la humillación y la codicia.

Che es eternamente el Che. Hoy no le lloramos. Le agradecemos. Hoy no le hacemos  santo. Le amamos la virtud y los pecados. Hoy no le decimos “fuiste…”. Hoy es, aunque se diga que partió en octubre.

Nada es cierto. La certeza es él, cabalgando en el hálito maravilloso de esta verdad sin límites que este miércoles revitaliza la esencia de su amor eterno: un mundo mejor es posible. Ahí, justamente ahí, vive el Che. ¿Quién lo duda?