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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Educado y gentil quizás sean los primeros calificativos con los cuales los pacientes distingan a Omar Borrero Celles,  un futuro médico tunero quien cursa actualmente el tercer año de la carrera de Medicina y trasluce, entre sonrisas y cordialidad, que se puede ser muy maduro y analítico a los 21 años.

No esconde el orgullo de vivir en el municipio de Manatí y poder contar que cumplió el servicio militar como diferido, pues “el año que hice lo pasé realizando prácticas en consultorios de mi pueblo y fue una experiencia muy buena, decisiva para identificarme con mi ingreso a la universidad y llevar conscientemente lo que sería mi desarrollo profesional”.

Conversador, con un criterio ético que avala referentes como que la formación de valores depende más de la persona y no de cuanto se le enseña, convierte su labor de pesquisa en el consultorio 2301, perteneciente al policlínico Gustavo Aldereguía,  en una profunda charla profiláctica para las familias que visita, como parte de su ejercicio práctico- docente en el presente año escolar. Su vocación la lleva en sangre:

“Es un trabajo de inserción muy positivo, pues ir de casa en casa para verificar si hay personas con fiebre o diarrea, es vital por la situación epidemiológica de la provincia pero, además, te enseña a dialogar con los pacientes, a conocer sus patologías y a la vez te ejercitas en las diferentes especialidades, por ser un universo muy heterogéneo.

“La provincia tiene una mejoría en la presencia de  las virosis, pero no podemos descuidar ningún detalle, por eso esta práctica médica nos favorece doblemente porque existe una baja percepción de riesgo en la población, y entonces podemos orientarla, hacerle ver  que la prevención y las medidas deben ser sistemáticas. Interactuar con los pacientes, estudiar sus historias clínicas, nos enseña y fortalece la comunicación, algo esencial entre el médico y el enfermo.”

Es un joven de su tiempo y le gusta salir y recrearse, pero para él estos conceptos han cambiado. Quizás se encontró así mismo, sin cuajar su adolescencia ni las tentaciones de la edad. …   

“A quienes opten por Medicina yo les diría que aspiran a una carrera de mucho sacrificio, y tenemos que renunciar a muchas cosas  nuestras. Yo no salgo como antes, porque hay que estudiar todos los días, exigirse y comprometerse con uno mismo y la universidad, pero se tiene la recompensa  que da la población. Uno puede ganar un título de Oro, pero quien de verdad te lo da son los pacientes, al menos yo pienso así.

“La Medicina necesita mucha comunicación. Hay un juramento hipocrático que nos leen en primer año, y hay que asumirlo como debe ser. No todos los estudiantes lo ven así desde el primer día. Hay que ser ético y dedicarse al estudio. Yo vengo del preuniversitario vocacional y allí nos crearon un hábito.  Todo depende de uno, pero la escuela te forma. La vocación personal es quien  hace médico a los médicos, porque los planes de estudios están bien diseñados.

“Siempre hay cuestionamientos, sin embargo el sistema de Salud nuestro es uno de los mejores del mundo. Desde que matriculamos nos dan todas las herramientas, aún cuando falte alguna base material de estudio, pero algunos no la cuidan. Yo he encontrado libros que les faltan hojas y son textos que circulan de un año a otro. Uno se percata que le arrancaron las hojas que le interesaron a alguien. Está mal hecho y perjudica a otros”.  

Sonríe y siento ver esa aureola de seguridad que lo envuelve. No me sorprende escucharle que integra la Vanguardia Estudiantil Mario Muñoz Monrroy y el Movimiento de Alumnos Ayudantes Frank País, al tiempo que milita en las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas. Place hablar con este muchacho y saberlo pronto entre los médicos de Las Tunas y el país.

No es casual oírle afirmar que volvería a estudiar Medicina si diera vueltas al reloj. En sus ojos hay un brillo notoriamente humano que huele a pertenencia, mientras le explica a una abuela que detrás de la poca percepción de riesgo se esconden muchas consecuencias, no todas solucionables al momento e incluso, varias que comprometen la vida propia y de la comunidad.

Quizás, por lo que encuentro en Omar y su juventud tan abundante, me brota el instinto materno y le confieso que es un buen chico y será, sin rodeos, un excelente clínico mañana, “pues quiero coger esa especialidad, Medicina Interna, y ganar el prestigio que tienen mis profesores, como el doctor Manuel de Jesús. Ellos son una excelente guía. Amo todo el sacrificio que tengo que hacer.”

Sale con pródigas muestras de cortesía de la casa donde lo entrevisto. La próxima semana volverá a realizar sus pesquisas familiares. Por suerte en esta manzana del Reparto Santos, al sureste del casco histórico de la ciudad, no hay enfermos. Él, como cientos, va con su uniforme de bata blanca por las comunidades y deja, en las mañanas, el aire de esperanza y certeza que pervive en los Consultorios Médicos de este oriental Balcón Cubano.