20140729023121-consumo-alcohol.jpg

 

Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Cuando hace unos años atrás, el joven doctor tunero y Especialista de Primer Grado en Psiquiatría, Roberto A. Ramos Valverde escribió en el 2005 su libro-folleto “Alcoholismo. Una nueva visión”, abordó las condiciones que favorecen en Cuba su prevención, sin dejar al margen la tendencia mundial a incrementar el consumo de bebidas alcohólicas, de las cuales el país no escapa.

En la etapa de vacaciones masivas parece, tal cual un fantasma, que tiene que estar presente, como el aire y el calor, en cuanta recreación se conciba,  ya sea individual o colectiva, a pesar de la existencia desde 1985 de un Programa Nacional de Prevención y Control del Alcoholismo. Para muchos, avanza muy poco a escala macrosocial e individual, si bien se alcanza éxito en quienes asumen la adicción y buscan tratamiento especializado e institucional.

Ramos Valverde enfatiza en su investigación que las premisas del Programa limitan el expendio y/o consumo en playas, parques, medios de transporte e instalaciones deportivas, pone normas a los horarios de ventas y prohíbe la comercialización a niños y adolescentes, esta última- según sondeos más sistemáticos- bajo un control y exigencia rigurosos.

En cambio, las restantes no siempre se hacen cumplir en todos los lugares y suelen violarse con frecuencia, además que estudios recientes corroboran que el fenómeno en Cuba está profundamente arraigado y responde a la idiosincrasia de la población masculina desde la niñez, en la cual se inducen expresiones en el contexto familiar como bebe para que seas hombre, entre otras motivaciones que hacen ver al alcohol – por demás una droga lícita- como algo normal en el medio.

Según otros entendidos, como el Especialista de II Grado en Psiquiatría y profesor consultante y titular del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, doctor Ricardo González, en entrevista a Prensa Latina, opinó que el problema del alcoholismo no debe verse aquí sólo como una patología, pues la génesis radica en el uso indebido de las denominadas sustancias psicoactivas.

Igual señaló que se trata de un evento mundial y está relacionado principalmente con el estado de embriaguez de la persona. En tanto, cifras oficiales indican que cada doce meses se pierden 120 millones de años de vida productiva a nivel global por el consumo de alcohol, y los únicos que escapan a ese problema son los países islámicos, cuya religión les impide beber, argumentó el galeno cubano.

En la Isla la ingestión de manera ocasional en los ciudadanos mayores de 15 años ronda el 50 por ciento –dijo González-, mientras que en Israel, ejemplificó, es del 95 por ciento y destaca como una de las naciones con menos incidencia en asuntos vinculados al alcoholismo, y la diferencia radica en que todos beben pero ninguno se embriaga, resaltó.  

La información de PL indica que González expone que se pueden consumir bebidas alcohólicas porque, en primer orden forma parte de la cultura del cubano, pero no es necesario llegar a los extremos, de ahí que afirma no estar de acuerdo con implantar una Ley Seca, pero sí en que el combate principal debe centrarse en la creación de una conciencia para evitar la embriaguez, que es una transformación de la conducta y, lamentablemente, la sociedad es tolerante en ese sentido, aunque es una tendencia presente en toda América Latina.

Ante las evidencias investigativas, sería muy inteligente y preventivo mirar largo el tema del alcohol este verano 2014 para reducir al máximo sus riesgos, entre ellos los accidentes de tránsito y las trifulcas públicas, más cuando los patrones de consumo en Cuba se dispararon en los últimos años y crece el número de mujeres y jóvenes bebedores.