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Texto y fotos Graciela Guerrero Garay

Aunque los partes meteorológicos que se difunden por las estaciones locales y nacionales de la Isla anuncian, cada día, las altas temperaturas que hacen de este verano 2014 un jardín de fuego desde que amanece, los hijos de esta caliente tierra Balcón del Oriente parecen no adaptarse y menos acostumbrarse a soles tan intensos.

Este lunes, por ejemplo, los termómetros marcaban 33 grados en los interiores de las casas y en los balcones, patios y terrazas subieron a 35 y un poquitín más, mientras que en la calle los tradicionales y sociables saludos que acostumbran a intercambiar por aquí, conocidos o desconocidos, acuñaban un resople común: ¡Qué calor!

De tal sol, las sombrillas no bastan para protegerse de las inclemencias del tiempo y quienes obedecen las alertas sanitarias para evitar complicaciones como el cáncer de piel, irritación dérmica o alergias ambientales recurren a ponerse camisas de mangas largas, suéter o abrigos aunque suden la gota gorda o sientan la sensación de estar en una sauna. 

“Ciertamente hay que pensarlo para salir a las gestiones cotidianas. Ya ni bajo techo uno deja de sofocarse y en horas del mediodía es insoportable”, confiesa Jerson Gómez, quien dice que él pone una sonrisa grande a este sofoco pues la Risoterapia es una manera de encontrar salud ante la adversidad climática.

Otros tuneros como Leonardo Cortés y Yanisleydis Sanabria buscan la playa para refrescar, “pero nos bañamos con suéter, porque el calor, el salitre y este sol enorme obligan a  dejar los bikinis y trusas en casa. Leo anda con short pan”.

Los baños en la arena para broncearse  también pasan de moda para muchos y a falta de sombra natural en el entorno, arman sus casas de campaña y allí descansan entre chapuzón y chapuzón.

Y las sombrillas, gorras, sombreros, pamelas, pañoletas, gafas, viseras y capuchas ganan presencia permanente y popularidad a cualquier hora del día, porque muy pocos se atreven a caminar la ciudad sin accesorios que, si bien no les quitan el sudor del cuerpo, al menos los salvan del fuertísimo ataque de los rayos solares y ultravioletas.

Quizás, en las estadísticas de las estaciones de Meteorología de Las Tunas no se registren cifras históricas ni record de altas temperaturas en esta última semana de julio, pero de que el calor trae revueltos, incómodamente revueltos a los tuneros, no lo dude. La tierra caliente… ¡arde!