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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Por los caminos de la vida muchos pierden su nombre de pila y eso le sucede a la dulce y, a veces, “entretenida” chica que pinta estrellas a cualquier hora del día. Su verdadera identidad, la que hace soltar carcajadas por donde quiera que ande con esos zapatos enormes y su nariz bien redonda y roja, es la que cuenta: se llama Tonguita.

Cuando la conocí traía una ternura imborrable en la retina. Se las ingeniaba para conquistar a los pequeñines, aún cuando al verla con esos rizos tan rubios y abultados, escondían la carita en el cuello de mamá o papá. Al rato, nunca supe cómo, los traía en brazos y simulaban conocerse desde siempre.

Es una payasita muy popular y, ahora, enamorada eternamente de su muñeco preferido, el primer bebé, quien nunca le impidió faltar a una función y quizás, quién sabe, siga los sueños de ser otro mensajero del mejor regalo del mundo: la risa.

Lo cierto es que ella, como tantos otros talentosos colegas que abundan por estas tierras del Oriente de Cuba, me arrancan estas líneas y me hacen volver a esos tiempos donde el “vienen, vienen, los payasos” era un notición por el campo y la ciudad bajo las carpas de un circo ambulante.

En estos tiempos, van a las escuelas y dan vida a proyectos comunitarios, hacen funciones en los cines teatro, animan los cumpleaños y el verano que abre puertas por esta bella isla caribeña los tendrá, igual, como plato fuerte en las ofertas de divertimento para la grey.

En fin, los payasos con sus colores vivos en la piel, rostros de acuarelas y ese don virtuoso de acelerar los corazones de chicos y adultos, testifican en Las Tunas – y en cualquier lugar del país- de que la cultura en Cuba es un derecho de vida. Una sal bien mezclada con azúcar y servida en un tazón muy grande, donde pueden beber todos.

Y cuando baja el telón o se encienden las luces, por las lunetas hay una alegría inmensa llena de aplausos, pero lo más hermoso de esta historia resulta ser que esta diversión sana y participativa llena igual de cascabeles los parques, las plazas, las calles y hasta el techo verde de una ceiba, aún cuando el sol y el calor del verano cubano haga sombras de sudor en la ropa y la tierra.

Llegaron los payasos… las vacaciones y las ofertas más sanas porque el divertimento aquí es una escalera de caracoles inteligentes: campismo popular, playas, ferias de libros, deporte y cultura. Una fuente de sabores con un pasaporte abierto para encontrar más salud y un descanso positivo, familiar.