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Texto y Fotos Graciela Guerrero Garay

El traje blanco de amplia falda con ribetes rojos le hace simular una mariposa en vuelo, cuando sale en las mañanas para ir a la Casa Iberoamericana de la Décima u otra institución cultural de Las Tunas donde espera un público que, por arraigo e identidad, siente deleite por la música tradicional campesina.

No es la primera vez que Yosselín Hernández Alarcón se lleva los aplausos ni cautiva con sus sones y guajiras. Desde muy pequeñita cantaba en las descargas familiares de su abuelo materno. Heredó, al decir de su mamá, lo que mueve la sangre de los hermanos Cutiño- Alarcón, integrantes del Grupo Horizonte.

Con esas canciones creció su pasión y, al entrar a la escuela, se insertó en los Proyectos Comunitarios y comenzó a actuar en diferentes locaciones de la ciudad, hasta que en el 2013 integra el Proyecto Sociocultural “La Monedita del Alma”, bajo la dirección del profesor Juan Manuel Herrera. Ya había vencido la prueba de aptitud para interpretar la música campesina.

“Mi mamá –dice- me ha apoyado mucho. Todos los sábados me lleva a la Casa de la Décima junto con mi hermanito. Ya él con cinco años sigue mis pasos, pues Javier de Jesús tiene a la guitarra como su juego preferido. Los dos escuchamos mucha música cubana y yo creo será un gran repentista como yo.”

Sus vivaces ojos achinados irradian estrellas. Hace una pausa y acaricia la guitarra, le saca las notas y vuelve a saborear su reciente participación en la  Jornada Cucalambeana, así como la filmación de un documental estrenado en el evento cultural más relevante del campesinado en Cuba y en Iberoamérica.

“Estoy estudiando el laúd, que  es un instrumento básico para acompañar el punto cubano. Yo soy muy disciplinada y perseverante porque mi sueño más grande es ser una gran repentista”, afirma con tal determinación que no parece una niña de apenas 11 años y, entonces, como para avalar sus palabras, vuelve a sacarle las notas a su querida guitarra.

Masleydis la besa y le dice que se apure. Una nueva actuación espera a Yosselín, quien, desde sus sueños de mariposa en vuelo, reverdece los caminos del indetenible futuro de la décima y la campiña en Las Tunas, una región del oriente de esta Isla que muy bien conserva el mérito de ser sede exclusiva del arte campesino iberoamericano y la tierra del principal poeta bucólico de Cuba: Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé.