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Texto y Fotos Graciela Guerrero Garay

No voy a decirte que eres el mejor papá del mundo. O que este Día de los Padres haré una gigante colección de besos y abrazos, esconderé un regalo bajo el almohadón o te dejaré libre de inquietudes y alegrías. Te necesito desde siempre y para siempre.

En tu voz suenan cascabeles cuando me llamas y me encanta atrapar el tintineo del amor, mientras me alzas del piso o correteas tras de mí, sin que la edad y el tiempo cuenten.  Nada borrará las huellas de lo nuestro, aunque estrenes cara de amigo o viejo regañón.

Increíble ese sonido de tu pecho, muchas veces jugando a los apretones o al escondido. Gracias por regalarme la infancia, aún en medio de añoranzas y ausencias. No acuño esas historias que te deslavan la piel y dibujan un monstruo en el costado. Tampoco los años. No por gusto algún poeta escribió en las estrellas que lo verdadero crece y la raíz es inmortal.

Vamos, Papá… como en las verdes y en las maduras. O cuando mis manos cabían hasta diez veces en las tuyas. ¡Era lindo, caramba! Hacer los mapas y el camino…esperarte para matar el miedo. Sentir tu piel de una ternura extraña, como el hierro de seda. Quizás, entonces, tenías los zapatos muy grandes y yo, con mis antojos, tropecé…me caí…me curaste.

La vida viejo, que empezó a girar primero para ti, pero jamás te mareaste con eso para no confundirme. Y heme ahora, con mis propias vueltas y tan pendiente de no salirme del borde de tu sombra. Fantástica esta sensación de que ayer es hoy y será mañana… Juntos, y al infierno se van los conjuros y los silencios, aún cuando duelan por encima de todo y tus dedos se escondan del tacto de los míos.

Vamos, Padre… abrázame de nuevo y dame el hombro. ¿¡Qué digo!? Nunca tuve que pedirte nada. Supiste leerme las entrañas, acomodar mis libros, besarme con el sol sudándome la espalda, sufrir los descalabros… remendarme. Estás aquí, no importa dónde. Halemos de la soga una vez más. Me quieres…Te quiero… este pacto de ser es infinito. Venga el pecho, Papá… y un  ¡FELIZ DÍA!