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Por Graciela Guerrero Garay

Para el amor no existen las derivaciones geológicas. Ahora importa besarte de algún modo – tangible, posible, invisible…-. Eres Papá, con las mayúsculas que me sirvieron de zancos para empinar el papalote más alto cuando, sin ser Meñique, cabía cien veces en tu cuerpo y tus manos eran un volcán sujetándome las mías.

Puedes estar entre mis palmas y mis tocororos. O allá pintando un azul cerca del Amazonas. O de arriero entre los caminos de la ignorancia que entristece algún lugar de América o este planeta nuestro. Eres, sencillamente, Papá.

La regla del corazón no la señalizaron con los centímetros absurdos de la distancia ni las divisiones apocalípticas. Tampoco le dibujaron, gracias a Dios, espadas del olvido ni fatalismos geográficos o idiomáticos. Ahora, estés donde estés y seas de cualquier raza, solo se que te llevo en el pecho, presente y omnipresente, como la primera vez que balbuceé pa-pá… papito…pa. Y brotaba el asombro de tus ojos y los míos. O un cascabel de risas y abrazos era la carroza de la dicha.

Puedo este tercer domingo de junio, Día de los Padres, hacerte un culebrón de palabras de azúcar. Quizás llenarle el trineo a Santa Claus con candilejas y regalos de última generación y una etiqueta que lleve tu nombre y tu apellido. Pero yo, chiquill@ que siempre andará prendid@ de tus mimos y ejemplo, prefiero un abrazo para borrar las diferencias, los malos recuerdos y cualquier hipo de silencio que mutile el embrión primario que nos une.

Pa…Taita…Papá… Padre…Viejo… Tú. Y no hay sustituto posible para tanto. Vamos en uno, empujando el reloj y pecho a pecho. Por eso, por ser quién y cómo eres dame la mano, sigamos el camino. Nuestro pacto es un mar infinito y desde ahí, donde el horizonte converge con los sueños y los amores puros, FELICIDADES…en todos los idiomas, con toda la ternura y una sola verdad: Te quiero y que el amor te alcance en cualquier punto, de la tierra y el cielo, Papá.