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Texto y Foto: Graciela Guerrero Garay

Se vuelve recurrente el tema de la higiene y, según la opinión de muchos, los problemas claves siguen ahí, aún cuando se discuten públicamente en programas como Latir del pueblo, el cual tiene credibilidad, confianza y un fuerte seguimiento, tanto en la radio como en su retrasmisión televisiva por los Medios de Comunicación locales.

Lo cierto es que los basureros continúan recogiéndose mal – léase dejando desperdicios por sus alrededores-. Con las bien llegadas lluvias de finales de abril volvieron a tupirse los tragantes y a formarse las mismas “lagunas” de agua que traen mosquitos y representan un peligro potencial para los escolares, como la existente frente a la escuela primaria Tony Alomá, donde por demás hemos sido testigo de que los muchachos tiran piedras en los tragantes y los tupen.

A esta recurrencia e indiferencia pública – que también la hay y bastante- creo tiene peso mayor la mala calidad de los trabajos realizados, algunos justificados por el deterioro objetivo de los recursos de las empresas implicadas y otras –quizás las más visibles a los ojos profundos- por la irresponsabilidad de los ejecutores, quienes no siempre hacen las cosas con esa pertenencia imprescindible, el conocimiento necesario o la conciencia que engendra, a largo plazo, la perdurabilidad del esfuerzo y la gestión realizada.

Un círculo vicioso que nos hace cómplices y desemboca en los ejes centrales de las indisciplinas sociales, otro asunto que si no le ponemos los grilletes exactos van, a mi modo de apreciar tonos y modos de enfrentarlas, a la misma retórica contemplativa donde ganan poder la mala educación formal, el maltrato a la propiedad social, la suciedad de las calles con estiércol de caballos y el trasiego de carretones y coches por los parques y espacios  de acceso prohibido, en las zonas residenciales y los edificios multifamiliares.

Igual sucede con las violaciones del tránsito, el exceso de ruido, las riñas públicas y los desechos en la vía, esto último porque no se acaba de encontrar alguna alternativa que permita fabricar algún tipo de latón con recursos locales o nacionales para cubrir, al menos, las áreas de mayor circulación o concentración poblacional y ésta pueda verter ahí las cajetillas de cigarros, los envases de jugos y golosinas, papeles  y todas esas cosillas que andan tiradas por ahí. O poder exigir, incluso con multas contempladas en la Ley, a esas personas que los ignoran en los escasos lugares que existen.

A muchos les duele ver tanta apatía y piden un mayor accionar de los agentes de la Policía, sobre todo en el centro de la ciudad donde confluyen diariamente visitantes foráneos y nosotros mismos, quienes somos al final de la historia los infractores, los perjudicados,  los que dañamos el entorno y a cambio corremos el riesgo objetivo de enfermarnos y ser los responsables de esa imagen tan desagradable que nos regala el lugar donde vivimos.