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Por Graciela Guerrero Garay

Cuando el hombre conquistó el fuego, el paso evolutivo de la humanidad en la era prehistórica marcó anales en la dialéctica de su desarrollo, sin embargo en pleno siglo XXI esta relevancia se convierte en uno de sus mortales enemigos, tanto para la vida misma como para la economía.

En Cuba ambos indicadores representan más que un susto, una tragedia o el llanto de los perjudicados, sobre todo en el patrimonio forestal y las reservas naturales de la fauna y la flora endémica y foránea, las cuales por demás en los últimos años recibieron los duros impactos de los huracanes que prácticamente rompieron la infraestructura general de la Isla.

Aunque las cifras suelen ser demostrativas para muchos, no significan la solución de los crecientes incendios que acontecen, tanto en el campo y la ciudad, y está demostrado que el descuido del hombre, el incumplimiento de las normas de protección y la inconstancia en la vigilancia que  exigen los lugares de alto riesgo son, en mayoría, los responsables de los mismos.

En el ámbito doméstico tampoco la responsabilidad anda a pedir de boca, pues la ocurrencia de estos devoradores ardientes está muy relacionada con negligencias que van desde no desconectar los efectos electrodomésticos hasta el mal estado de las instalaciones eléctricas, las cuales colapsan por la sobrecarga en las líneas al conectar varios artefactos en la red.

Durante la anterior campaña (2012-2013) ocurrieron en Las Tunas una docena de incendios forestales y se afectaron numerosas hectáreas de bosques naturales, mientras que en el país estos sucesos provocaron la pérdida de 17 millones de pesos y llegaron a totalizar 342 a lo largo y ancho del archipiélago.

Aunque existen decretos y leyes, como la número 85, que exige la competencia civil frente a la protección del Medio Ambiente, el hombre continúa como el mayor patrocinador de la incidencia de estos fenómenos, los que hoy ya no cuentan entre los relevantes descubrimientos de la especie humana, sino en un preocupante y exterminador enemigo de sus propias conquistas.