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Por Graciela Guerrero Garay  fotomontaje: Chela

Manosea los papeles como la primera vez, aunque el nieto, picarón, le haga una seña y él, con un gesto brusco y un chasquido en los labios, le regañe y espante. Cada año, para estos días de Girón, justo el 17 de abril, los recuerdos le golpean. Ora con tristeza. Ora con alegría.

Este ritual para José Manuel Caraballo es imprescindible. Sus 85 años le entorpecieron un poco la rapidez de los pasos, pero en su mente todo parece estar “de paquete”. Sin embargo, reitera una y otra vez, que fueron miles sus compañeros de batalla, de tareas, de riesgos. Y las mujeres  no faltan en las memorias.

Punto Histórico

Caraballo está delante de mí, pero ahora mismo pueden ser miles los cubanos y cubanas que merecen esta entrevista, justo porque llevan en la piel y el corazón las huellas de la Primera derrota del Imperialismo en América. O lo que es igual, la Victoria de Playa Girón. Un punto histórico que marcó para siempre los destinos de Cuba y mostró al mundo el patriotismo y la resolución revolucionaria de los campesinos y obreros –todo un pueblo- en defender la alborada del triunfo de 1959.

En Los Malagones está el germen cívico de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), allá en Viñales, en Pinar del Río. El Comandante Fidel Castro, al enterarse de la existencia de una banda por esa zona, convocó a doce campesinos para eliminar el foco antirrevolucionario. Leandro Rodríguez Malagón fue designado Jefe. Luego de prepararlos, Fidel los despide con: “Malagón, si ustedes triunfan habrá milicias en Cuba”.

Una quincena después ya estaban neutralizados los desafectos, pero los ataques imperialistas, el terrorismo y el asedio no acabaron sobre los cubanos. Entonces, apuntalados en este  símbolo de combate y amor patrios de “Los Malagones”,  el 26 de octubre de 1959, en un acto de repudio a la injerencia norteamericana, Fidel crea esta fuerza militar voluntaria del pueblo y se organiza por sectores: obreras, campesinas y estudiantiles.

Arenas de Girón

Ante el desembarco invasor por Playa Girón, los milicianos cubanos ganaron la partida y fueron la ofensiva revolucionaria que amasó la derrota de  los mercenarios. Desde entonces y hasta hoy “Los Malagones” siguen vivos, más fuertes, más preparados y listos para cualquier Girón, venga de donde venga.

Caraballo acaricia su boina. Sonríe y, como asegura dijeran, dijeron y dirán sus compañeros de ideas y batallas, “no había nada que nos detuviera. Hoy tampoco, aunque ya los años pesan, nada nos detendrá”.

Y hay que ver por aquí, en las calles, los barrios, los centros de trabajo, los núcleos de Jubilados…, con cuanto ímpetu hablan, disertan, aportan y siguen luchando. En estas memorias lúcidas, convencidas y hermosas, humanas y revolucionarias, no importa que pasen los años. Las arenas de Girón nunca tendrán botas ajenas.   

José Manuel y millones por todo el archipiélago, con sus hijos, nietos y familias barriales, hacen, parafraseando al trovador Silvio Rodríguez, que la era siga pariendo un corazón. Cada quien hizo su combate donde le tocó –afirma-. Yo cuidé los centrales en Holguín. Me hubiese gustado estar entre el fuego, pero mi reducto era ese, evitar los sabotajes.

Justo ahora, cuando se mejora la sociedad, se atisba el horizonte en las fronteras, se apaga un incendio forestal, cultiva un boniato y aprende a leer un niño hay un Girón y una victoria. Es la vida, la historia y la gente de la Perla del Caribe. Sí, este jueves 17 de abril la era está pariendo un corazón.