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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: G.G.G

En Cuba es tan normal ir a la escuela que realmente jamás he pensado en lo que pudiera significar para mí y las niñas no poder hacerlo, me contestó esta madre tunera cuando pregunté sobre el particular. Sin sondear otras respuestas, afirmo sin riesgo alguno que miles como ella dirían lo mismo en cualquier lugar del archipiélago, mientras diariamente llevan sus hijos a recibir escolarización gratuita.

Esta realidad contundente, hecha obra y luz ante el principio martiano de que todo hombre tiene derecho a ser educado, permite que la isla caribeña tenga el reconocimiento mundial de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) por el alto índice de implementación de los objetivos de la Educación para Todos (EPT).

En una información difundida por la Agencia Prensa Latina, Herman van Hooff,  director de la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe, destacó esa posición de Cuba en la atención y educación de la primera infancia, un suceso que tiene su clímax en el mes de Septiembre, cuando inicia en el país el Curso Escolar y no queda un infanto-juvenil  del campo ni la ciudad sin tener garantizada la matrícula, en el aula de la enseñanza que le corresponda según  la edad.

El Programa Educa a tu Hijo, conocido popularmente como las Vías No Formales, está entre las áreas distinguidas por la UNESCO, así como la educación elemental primaria y la Campaña de Alfabetización, logros que ubican a esta nación como la de mayor índice en el Desarrollo de la Educación en América Latina y el Caribe.

La EPT es una iniciativa encaminada a satisfacer las necesidades de aprendizaje de todos, guiada por la UNESCO. Sin embargo, ese suceso es tan normal en Cuba que Yennis solo disfruta, sin miedo ni dobles lecturas, los amaneceres en que lleva a sus hijas a la escuela. Para ella, claro está, es prácticamente imposible concebir que un día no tengan caminos abiertos a ese derecho elemental.

Y ella, también, es el espejo de millones en este verde caimán. Basta con andar por cualquier calle apenas despunta el sol para encontrarlas.