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Por Graciela Guerrero Garay  Fotomontaje: Chela

Me gusta ser zurda, dijo y soltó una de esas carcajadas que, junto a su fisonomía de negra bien “plantá” – léase cubana y tunera- le hacen la diferencia entre la gente que conozco. Con un gesto, di a entender que estaba lejos de saber por donde venía, tal como interpelamos los orientales.

“La CELAC, mi hijita, mi gente de la izquierda. ¿No escuchaste los discursos de los grandes que tenemos en América? Me enamoré de todos. Ahora sí soy zurda, no uso la derecha ni para peinarme”- respondió.

Julia La O es así, ocurrente y con una manera muy propia de expresar sus sentimientos. Sin embargo, no solo a ella “enamoró” la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (CELAC). Muchos son los tuneros que hoy comentan la profundidad de los temas tratados, la honestidad en plantear los problemas que afectan la región y la necesidad de unirse para resolverlos.

Los sueños de Bolívar y Martí y de los cuales, en franco desafío a las políticas neoliberales y la guerra fría que prevalece contra Cuba por parte del gobierno de USA, Hugo Chávez y Fidel Castro revivieron con este mecanismo integrador, quizás para unos cuantos imposible dada la diversidad de culturas, tendencias y realidades sociales del área.

Sin embargo, la meridiana claridad de que en la unión está la fuerza, la voluntad gubernamental de buscar mejoras para los pueblos y declarar la región como una zona de paz  deshacen la utopía y acercan la certeza. Nuestra América, como la concibieron los próceres, es algo cierto, propio, alcanzable, desde la unidad y con pasos firmes  tal como quedaron registrados en la Declaración Final.

 Por eso la II Cumbre en La Habana marca un hito en el hoy y el mañana de estas tierras latinoamericanas y caribeñas. Por eso, también, gente sencilla, trabajadora, como Julia La O siguió la amplia cobertura que tuvo la reunión en la Isla y ahora, cuando la trascendencia de la noticia da lugar a reflexiones, manifiesta de esta manera singular el impacto que tuvo para ella la cita de CELAC.

Y aunque su “ocurrencia” pueda simular un chiste, sus concisas palabras reflejan el sentir de millones de personas que se levantan con los sueños de ver siempre el sol en sus naciones. Demostrado está en este fuerte movimiento de izquierda florecido en esta parte del mundo y dispuesto a rezar un Padre Nuestro Latinoamericano.