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Por Graciela Guerrero Garay

Quien las observa con sus atuendos elegantes, femeninos, e invitando a ese gratificante piropo que es prácticamente una tradición por esta Isla, no puede concebir, a priori, que muchas de ellas son dueñas de fincas, comparten los trabajos agrícolas con el esposo o los hijos o, sencillamente, trabajan la tierra por sí mismas.

El fenómeno no es nuevo en Cuba. Las mujeres de esta nación tienen, de alguna manera, el cordón umbilical pegado al surco, aún cuando nacieron en la ciudad. Las raíces parten de que el país es inminente agrícola y antes del descubrimiento los aborígenes ya sabían el valor de cosechar.

Esta herencia no la borró la conquista española y, gracias al intercambio de ambas culturas, se fortaleció con la ganadería, considerada como uno de los mayores beneficios recibidos en América con la llegada de Cristóbal Colón.

No es casual, entonces, que el programa de entrega de tierras ociosas en usufructo marche bien y la cifra esté en más de un millón 580 mil hectáreas y, en todas, exista un rostro de mujer y se incremente cada año su afiliación a la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), más cuando existe una estrategia de género y es evidente el incremento femenino en las estructuras de dirección como cuadros profesionales.

En Las Tunas, por ejemplo, el pasado año representaban el 14 por ciento de la fuerza laboral de las Cooperativas de Producción  Agropecuaria y de las de Crédito y Servicio, número con tendencia a subir al entrar en vigencia los nuevos decretos que permiten en ambas formas de vinculación agrícola obtener, mediante usufructo, unas cinco caballerías para cosechar alimentos de todo tipo, según las especificidades de cada lugar y los planes de desarrollo.

De esta suerte,  las proyecciones del despegue son reales tanto en este territorio como en el resto del país, donde hasta junio del 2013 todavía estaban ociosas alrededor de un millón de hectáreas, representativas del 16 por ciento del total de superficie agrícola, que es de 6 millones 342 mil 418 hectáreas, según datos publicados por el periódico Granma.

Estas transformaciones, sin pausa, pero sin prisa –como reitera el Presidente Cubano Raúl Castro -, darán frutos en la medida en que se consoliden en el sector agrícola y se acerque la producción al consumidor, un reclamo que marca la opinión pública del debate en la Isla, por los altos precios de los productos y las trabas burocráticas que existen en algunos lugares.

Más, aún con todo, los campos del archipiélago se llenan de olores femeninos y la producción crece. La muestra está en los mercados agropecuarios. No es una cuestión de género, simplemente. Es el apego de la cubana a su raíz y a la tierra.