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Por Graciela Guerrero Garay

En asuntos de comportamientos hay tantos trajes como “envolturas” humanas. Sin embargo, parece que las mentiras han quedado atrapadas por la ciencia y los mentirosos auténticos se lucen, básicamente, de noche, aunque pueden ser muy peligrosos mientras avanza el día.

La Agencia Cubana de Noticias (AIN) publicó recientemente una información donde, según estudios realizados por la Universidad de Harvard, la investigadora Maryam Kouchaki, coautora del trabajo, apuntaba que los “experimentos desarrollados por la mañana, sistemáticamente daban resultados con menor nivel de comportamiento antiético”.

El hecho llevó a los especialistas a indagar si actitudes como el engaño dependían de la hora del día y, en efecto, se comprobó que por las mañanas se tiende a ser más honesto que en momentos posteriores, es decir, las tardes y las noches.

Todo se debe, según los investigadores, a que la capacidad de autocontrol del ser humano para evitar decir mentiras se reduce a medida que avanzan las manecillas del reloj, por lo que las personas son más propensas a ser embusteros en los horarios cercanos a finalizar la jornada cotidiana.

De tal evidencia,  el estudio sugiere que si hay preocupación por el comportamiento antiético de otros, sea un padre, un maestro, un gerente o uno mismo, se debe tener en cuenta la hora del día, porque la falta de descanso y el constante ejercicio de toma de decisiones al que nos vemos sometidos con el avance del tiempo “desgasta” el autocontrol.

En una palabra, deduzco, hay que esperar muy poca o casi ninguna honestidad en la tarde y la noche de los mentirosos de “oficio” y no dar mucho crédito, cuando nos asistan razones y evidencias, a quienes juran decir la verdad y solo la verdad en la tarde o la noche. Los científicos acaban de acorralar la hora de la mentira.