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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos Norge Santiesteban, Idalia Pérez y G.G.G

Aunque la vieja y trágica leyenda del caballo blanco, espoleado por un indio sin cabeza, jamás podrá borrarse de la memoria histórica de esta ciudad de Las Tunas, nadie podrá negar, en los siglos por venir, en presente y futuro, que el fantasma, si volvió, fue para bendecir con una varita mágica su patrimonial entorno.

Tal es la belleza estética que irradia la reconstrucción, remodelación y realización de los espacios sociales y habitacionales del centro capitalino, que ni el más exigente e inconforme de los tuneros esconde su admiración y orgullo cuando observa el toque de gracia del  Proyecto Imagen, todo un tsunami de ideas, trabajo multidisciplinario, constancia y avalado estudio arquitectónico concebido para dar nueva vida y luz al Balcón del Oriente de Cuba.

El empeño lleva años trasmutando la desolación, el deterioro o los vaticinios de fatalidad geográfica que, en más de una ocasión, algunos coterráneos asociaron a la vieja leyenda del “indio sin cabeza”, algo así como una maldición infinita relacionada con las estampas del coloniaje español y las contradicciones raciales que acababan en muerte ante los amores fuertes entre indios y españoles, independientemente de la generación o descendencia involucrada en el conflicto.

Lo cierto es que con la llegada del Milenio y el siglo XXI este oriental territorio cubano inició un despegue integral e integrado hacia el desarrollo y, desde entonces, no ha detenido ese empuje, el cual también contempla la reanimación de sus ocho municipalidades sin quitar la primacía a la urbe de Puertas Abiertas, como se ha bautizado a esta ciudad, punto clave en el tránsito hacia el occidente  del país y viceversa.

De tal suerte, colores nuevos, atractivos, alegres y optimistas, con el sello de la modernidad y los estilos de las capitales importantes de la nación y el mundo, respetando sus raíces históricas y la arquitectura ecléctica marcada en su fundación originaria, saludan los amaneceres y roban los encantos de las noches, unas muy estrelladas y otras cautivantes bajo el reflejo de la luna.

Los tuneros viven felices y con hipos de asombro en la mirada cada vez que forman sus carreteras humanas para hacer los destinos de la Patria en sus centros de trabajo y las escuelas, mientras el visitante disfruta los entornos y siente que estar por estas tierras del Mayor General Vicente García es un deleite para el espíritu, el conocimiento cultural y el latir de una emoción de pertenencia que obliga, por sí misma, a volver y reencontrarla.