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Por Graciela Guerrero Garay    Fotomontaje: Chela

La alegría marcó el martes 31 de diciembre en Las Tunas. Desde el amanecer la música comenzó a despertar el barrio y un popurrí de son, merengue, reguetón, salsa y guaracha fue el pregón inusual que abrió puertas y ventanas. Un chiste aquí, un ¡Felicidades! allá, buenos deseos por cuyá…

El último día del calendario 2013 revolvió a todos. El quejido de muerte de los cerdos y el olor a carbón fueron el preludio de la fiesta. Por las calles, también con el amanecer, muchos buscaron los detalles y recursos de última hora.  Bolsos con legumbres, bandejas con el “macho” listo para llevarlo al horno, paquetes de leña, humo, cajas de cerveza, dulces… y hasta el ir y venir en familia por la comunidad y los lugares públicos, apuntalaron las señales.

¡Se fue el viejo!, gritaron los más atrevidos, voz en cuello, a modo de saludo. Un contagioso virus de gozo llenó de júbilo los ojos, incluso en quienes la ausencia de un ser querido pudo convertirlos en prisioneros de la nostalgia. La llegada del 2014 es un momento muy especial y nadie lo pasó por alto.

Los tuneros en familia, en sus casas o la de los amigos; en los centros nocturnos, los restaurantes, las áreas bailables, cooperativas, círculos sociales, fincas, reservados, campismos, hoteles y por doquier armaron el fetecún, cantaron, hicieron promesas, pidieron deseos, quemaron incienso, encendieron velas, descorcharon sidras, picaron turrones y se abrazaron y besaron llenos de amor, paz y esperanzas.

¡Bienvenido el 2014! Nuevos sueños echaron a rodar con el amanecer del Primero de Enero. Las doce campanadas volvieron a la historia. Un triunfo más del pueblo y la vida, de la lucha y el trabajo. La tradición también fue recurrente: ¡tirar agua a la calle!, con la voluntad de hacer un año mejor, más próspero, más humano, más nuestro.

El reloj fue cómplice. El minuto justo, a las 12.00 de la noche, y un vibrante ¡Viva la Revolución! se mezcló con las notas del Himno Nacional, llenó las calles y las barriadas. Los vecinos intercambiaron ese cariño que distingue a Cuba y sus terruños.  Sonaron los tambores… Las Tunas se llenó de fiesta y las palmas siguen vivas. Las luces del Año Nuevo alumbran los caminos. Vamos todos. Será mejor.