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Texto y Fotos Graciela Guerrero Garay

Con lo costoso que resulta al país adquirir una tonelada de leche en polvo y  a los ganaderos producirla, es triste ver, aunque sea una vez, estos charcos del necesario alimento secándose bajo el sol de la mañana.

La noticia no es nueva, pero se torna demasiado frecuente en los últimos tiempos y molesta cada vez más a los consumidores, al tiempo que tensa las emociones en los puntos de venta de leche, en estos momentos cruciales donde todos llegan con la prisa de comprar el producto para preparar el desayuno de los escolares, niños pequeños y los abuelos, fundamentalmente.

El asunto de la ruptura de las bolsas de nailon en las cuales se expende este alimento, según declaraciones de Yorlis Rojas La Rosa, administrador del mercado Leningrado, ubicado en el Consejo Popular 18 del reparto Santos, en este municipio, no es privativo de esta zona. Sucede en cualquier bodega, pues el “problema radica en la mala calidad de la pegatina utilizada en el sellado”, puntualiza Rojas.

Unos 16 envases, el pasado martes 10 de diciembre, “ponchados” en el mostrador de la bodega de referencia reclamaron la presencia de 26. Para muchos, era una vez más, pero la mayoría que se quejó en voz alta, visiblemente contrariada por la hora y el derrame de leche por el piso, dentro del nailon “cubalse” en que los transportaban o simplemente vaciados en sus manos, no entendía el porqué de la reincidencia del problema.

Norma Báez, la dependienta, indica que en “La Tunera” hay un punto piloto donde cambian toda la leche afectada, de esa unidad como de las restantes. Ese día, a las 5:00 de la tarde, aseguraron reponerla. En “Leningrado” se reciben mil 390 bolsas en cada distribución y, por eso –aseguran sus administrativos- por mínima que sea la rotura, se nota.

El domingo 8 también se desfondaron los envases.  Según indagamos, tanto la Industria del Lácteo como efectivos del Gobierno relacionados con el tema conocen el hecho. La fábrica tunera alega que sucede por la mala calidad del pegamento. Sin embargo,  se imponen varias interrogantes: ¿No tiene solución? ¿Esa leche, aunque se le reponga al consumidor, no genera pérdidas económicas? ¿También son  resarcidas al patrimonio estatal? ¿Cuál bolsillo saca cuentas?

La situación de la mala calidad de los productos, insumos y materas primas es, indiscutiblemente, un salidero de gastos para la nación y la provincia y, el asunto, no siempre es objetivo y tampoco una camisa de fuerza para quienes determinan qué, cómo y a cuánto compran lo que necesitan para realizar sus labores cotidianas.

Los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución ponen puntos a las íes. En el muy útil y necesario programa Latir del Pueblo está el reflejo, donde es evidente que muchas cosas andan mal por nosotros mismos. ¿En el Lácteo ningún especialista encargado de controlar la calidad, se percató que la pegatina no resiste la manipulación del ciclo de distribución? Ojo, el conflicto leche versus bolsa puede traer consigo otras indisciplinas más serias que el comprensible malestar de los consumidores.