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Por Graciela Guerrero Garay

La noticia, aunque de algún modo esperada, conmovió a todos. Era un líder, un amigo, un talismán. El león y el ángel del continente negro. Hoy en mi tierra la bandera ondea a media asta. Cuba agradece y está de luto. Un hermano se fue, pero quedó su huella.

Nelson Mandela, el hombre de multitudes, el más fiel a su raza y el más luchador contra el apartheid en su querida Sudáfrica, a la vez vocero de la justicia y los derechos humanos partió al Olimpo. Allí están los enormes, los que viven e inmortalizarán los libros de la historia.

Su imagen desde ayer hace memoria junto al Comandante Fidel Castro Ruz, más allá de las ideas y la amistad. La Televisión Cubana difunde los encuentros, las visitas, cada emoción de hermandad infinita que une a los pueblos, sin otear sobre colores de piel o religiones.

Mandela deja dolor por todas partes, como regó alegría en aquel momento crucial en que salió de la prisión después de 27 años de dura e inhumana cárcel. La verticalidad de su ejemplo y su lucha no parten. Están ahora en cada mano que lleva una flor a sus mártires, donde se recuerdan los héroes y se coloca una cinta amarilla para que vuelvan a casa los dignos y los justos.

Madiba – como le llamaban con amor y profundo respeto quienes le conocieron- multiplicará su sonrisa optimista en los niños. No importa en las coordenadas cardinales que se encuentren. Él era la paz, el líder que jamás apuntó hacia el oscuro. Su luz, más allá de la vida y la muerte, no morirá.

Su partida enluta el alma de los hombres, pero también los llena de lluvia fresca y hace brotar retoños nuevos. En este archipiélago cubano hoy 7 de Diciembre se recuerdan los Mártires. En esas peregrinaciones de pueblo que estremecieron esta mañana de sábado en la Isla, va el aliento. Como Chávez y Martí, como unos tantos, su espíritu anda por ahí, merodeando. Madiba no es un amigo que se va.