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Por Graciela Guerrero Garay

Con aciertos y desaciertos son muchos los cubanos y cubanas que consideran la alimentación o el dinero como topes de una calidad de vida superior, quizás arrastrados por la influencia del consumismo global del presente siglo XXI  que pondera la existencia humana a partir de códigos hegemónicos estrechamente vinculados a éstos y los mismos determinen, sobre todo en el Tercer Mundo, la agudización del hambre y la pobreza en los escalones sociales más débiles.

Sin embargo, y muy lejos de minimizar la esencia existencialista de la relación necesaria y real entre ambos factores, el pleno desarrollo de hombres y mujeres se consolida y alcanza bajo fuentes sustentables que garanticen la salud integral  y multifacética de los individuos, a través de conceptos de integración intersectorial y miradas profundas sobre la soberanía alimentaria, los derechos reproductivos, la comunicación y los determinantes de la sociedad, sin exclusión y desde la comunidad.

Sobre esos puntos de vistas, bajo el prisma científico y la presencia de diferentes especialistas del país, se disertó recientemente en Las Tunas, donde es evidente desde 1959 a la fecha el avance socio-económico – cultural equitativo, tanto en conceptos de escolarización y urbanización como extensión de los servicios de Salud y el estrechamiento de las diferencias entre el campo y la ciudad.

Por eso al husmear, una vez más, en las memorias informativas del II Simposio de Promoción en Salud, Soberanía Alimentaria, Desarrollo local y Salud Sexual Reproductiva, encontramos el empeño de Cuba en elevar, con los gobiernos locales y las organizaciones sociales, la calidad de vida del pueblo y enrumbar el proceso del cambio con la perspectiva de género, en el cual el trabajo comunitario es determinante para motivar, despertar y concretar el objetivo participativo que encierran las transformaciones.

Larga es la meta y apenas se comienza a consolidar el proceso del cambio, pero el Proyecto “…por nosotros mismos…”, que tiene lugar en intrincados parajes de la geografía tunera es la huella de ese camino cierto de cubanas y cubanos por una vida más saludable, próspera, sostenible y sustentable.

Allí, monte adentro, donde la existencia se parece a la monotonía y la música, la más de las veces, es el cantío de un gallo o el bramido de los toros, llegan las máximas direcciones del Gobierno y el Partido en la provincia, la gente estrena sus mejores trajes y  renuevan emociones y sueños: una manta tejida por la abuela, la décima que nadie sabe que hacía Pedro, el zapatero; la poesía aprendida en la escuela por una pionera…

En fin, esa vida que también, ante los ojos propios o comunes, no simula latir y está ahí con todo su potencial humano para gestar el cambio que Cuba entera le pone combustible con salud y desarrollo local, sin exclusiones de géneros, en pos de un socialismo mejor.