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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Sigue con esa sonrisa que le ilumina el rostro y le da un “toque” muy especial a su feminidad. Es una mujer activa, enérgica, de carácter. Una mezcla de “cal y arena” en cada gesto, tanto para orientar como persuadir. Y, quizás, con alguna “endemoniada” rectitud en los ojos si de exigir o requerir se trata.

No es “mandona”. Le gustan las cosas bien hechas, justas. La jubilación no le mató la gracia de buscar los grises entre el blanco y el negro. Está ahí, como cuando no despertaba en su cama por andar por los campos detrás de una tarea. Los recuerdos le galopan la infancia, allá en Santa María 4, del municipio de Puerto Padre.

“Soy feliz. Me siento una mujer realizada. Con 19 años entré en la Federación de Mujeres Cubanas y ahora, a los 70, me llena de orgullo ser propuesta como precandidata al Congreso de la FMC por mi Consejo Popular 18, en la Delegación 2, del Bloque 68-B”.

Es difícil que Julia Pino pueda esconderse en los silencios. Se jubiló y trabajó 35 años vinculada al Comité Provincial del Partido. El amor de esos años, tal como cuando era maestra en Majibacoa,  se le desbordaron la noche en que la agasajaron en la comunidad por su contribución permanente a la organización femenina y tener, en su pecho, la Medalla 23 de Agosto, innumerables diplomas, reconocimientos y las más altas distinciones de la Educación y el MININT.

“Mi trayectoria laboral es larga. Me gusta entregarme a lo que hago. No hay un diploma del Partido que no haya ganado, como tampoco descanso ahora en cuanta tarea pueda contribuir en el CDR, el barrio y en el combate por nuestra Revolución.”

Entre las luces de la noche en que conversamos, una luciérnaga mágica parece escaparse de su pecho e iluminarla toda: “La lucha por la emancipación de la mujer y acabar con tantos prejuicios, aunque todavía los hay, enaltece a la FMC. Este Congreso estará a la altura del cambio que acontece en nuestra sociedad. Por eso es grande para mí este momento, porque la Federación es también parte de mi vida.”

Y la imaginó allá en Majibacoa, donde fundó la FMC, de un lado a otro movilizando a sus compañeras. O con una carpeta llena de papeles para controlar las tareas del Departamento Político-Ideológico del Partido, el de Asuntos Generales o el de Superación Interna.

Incansable. Hasta cuando estuvo en la escuela del PCUS, en la Unión Soviética, su perseverancia, responsabilidad y exigencia incrustaron la huella entre sus compañeros. Es una mujer con nombre propio, que degusta, como al mejor vino, “la educación que le di a mis hijos, ser tunera, cubana y vivir para contribuir, mucho más, a este proceso de cambio que enfrentamos y que consolidará la Revolución.”

Sonríe. Entonces, mientras la dejó entre las flores que le regalaron sus colegas, recuerdo aquel poema que hiciera Benedetti… tal vez porque, ahora, ante tanta pasión en Julia Pino, el verso parece sacudirla: …”cantamos porque llueve sobre el surco/ y somos militantes de la vida/y porque no podemos ni queremos/ dejar que la canción se haga ceniza/.