20131106012320-at-sign.svg.png

 

Por Graciela Guerrero Garay

Cuentan que en el monte se oía su nombre casi a toda hora y que, durante siglos, navegó por los prósperos puertos venecianos hasta todos los confines del imperio británico, sin olvidarse del mundo árabe y España.

En Cuba, no hubo un abuelo que la desdeñara cuando llevaba las cosechas a las básculas. Caña, madera, boniato, malanga…y hacía gala en cuanta operación comercial de época se congeniaba, marcando huellas en los registros mercantiles de las naves de carga.

Su historia viene desde la antigüedad y un documento fechado el 4 de mayo de 1536 da fe de su figura, de procedencia italiana,  y la dibuja con toda la plenitud del símbolo que conocemos hoy. En estas tierras la llaman chiocciola, que significa caracol.

Así comenzó la vida de la más popular de las tipografías que tipifican el mundo del ciberespacio, la telaraña de la información, el correo electrónico, en fin, Internet, y sigue de puerto en puerto, con la diferencia de que en los tiempos modernos es, simplemente, virtual.

El profesor de historia Giorgio Stabile se atribuye el descubrimiento de la novia más famosa de los mailto, y un texto citado en la Web testifica que el italiano declaró al diario La República que su búsqueda de la arroba partió del sentido anglosajón del símbolo, que quiere decir “ al precio de”.

Tuvo la buenaventura de ser guiado por la escuela paleográfica romana hasta varios documentos mercantiles italianos, a cargo del procurador Federico Melis, propiedad del Instituto Internacional de Historia Económica Francesco Datini, en Prato. El hallazgo le dijo que la famosa @  se utilizaba 500 años atrás como herramienta comercial igual a la ánfora, unidad de medida mucho más añeja.

Un diccionario en español y latín, de 1492, la traduce con igual analogía a su antigua compañera, corroborando así que ambas, arroba y ánfora, eran de dominio comercial en los predios árabes – hispánicos, como en los grecolatinos.

¿Y qué tiene que ver esto con Internet? Pues, al parecer la vitalicia utilidad del símbolo desde tiempos memorables en la tipografía anglosajona, hizo que el ingeniero estadounidense Ray Tomlinson, uno de los progenitores de la gran red de redes, la introdujera en su propia dirección de correo electrónico en la era de Arpanet, la antecesora de la gran telaraña de la comunicación digital, en la década del 70.

El investigador italiano argumenta que la @  nunca faltó en ninguno de los teclados de las máquinas de escribir ni en las primeras computadoras, por lo que la idea de hacerla más popular e imprescindible para enviar o recibir un mensaje desde el ciberespacio vino como anillo al dedo.

Hoy, como ayer, nadie puede escapar de su embrujo y hacerla suya, esta vez para darse crédito ante los grandes servidores del mundo, llevarla de puerto en puerto, incrustarla en su memoria y complementarla con una misteriosa contraseña. Mientras ella, con su velo de novia inmortal, no acepta equívocos. Todo bien, o no navegas.