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Por Graciela Guerrero Garay

Alrededor de 120 mil personas mueren cada año en el mundo por culpa del cólera, una enfermedad diarreica aguda para la cual Cuba trabaja en el desarrollo de dos candidatos vacunales, hecho que confirma el excelente aprovechamiento del talento del país y sus potencialidades científicas, al tiempo que pone la mirada en la solución de importantes problemas que amenazan la vida.

Contado así simula ser transcendente en el contexto clínico – paciente, pero para los más de 11 millones de cubanos significa tener la enorme garantía que disfrutan hoy contra otras no menos mortales dolencias, erradicadas durante cinco décadas como la poliomielitis, el tétanos o el tifo, hasta alcanzar una cifra de trece.

El Instituto Finlay es el gestor de ambos vacunales, una inactivada y otra atenuada, esta última resultado de un proyecto de más de 10 años en colaboración con el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), según declaraciones del doctor Reinaldo Acevedo Grogues, subdirector de Investigaciones Aplicadas del “Finlay”, citado en una información de la Agencia Cubana de Noticias (AIN).

Acevedo indicó – señala la noticia – que el candidato atenuado está compuesto por la bacteria viva del cólera, a la que se le han extraído los factores de virulencia. “O sea, que es una cepa de la enfermedad, pero no patógena”, destaca.

La vacuna se aplica de forma oral, simula una infección natural y al penetrar en el organismo genera una respuesta inmune sin enfermar al paciente, con la ventaja de que se administra una sola dosis y en menos de 72 horas mata al virus, lo que representa un avance respecto a las que se utilizan hoy en el mundo.

Por otro lado, el investigador cubano puntualizó que aún está en fase de desarrollo, pero se ha evaluado en el país y Mozambique con muy buenos registros de seguridad e inmunogenicidad, así como que  está previsto un nuevo ensayo clínico en niños, posiblemente para fines de este año.

Aunque la Isla todavía no dispone de una vacuna contra el cólera, estos avanzados estudios clínicos favorecen los esfuerzos realizados por lograr el propósito, el cual se complementa con otra propuesta que el Instituto Finlay denomina inactivada, la cual se diferencia de la anterior por estar formada por organismos muertos, razón que la hace más sencilla y abarata sus costos desde el punto de vista productivo.

En ese sentido, la Máster Sonsire Fernández  dijo a la Ain que “también existe el temor de que las vacunas atenuadas puedan afectar a pacientes inmunocomprometidos, como los que padecen SIDA. Muchos creen que administrarles un principio activo vivo puede provocarles algún tipo de problema. Con la vacuna inactivada tendrían una alternativa”, indica la información.  

Lo cierto es que, como enuncian los especialistas, aquí se están desarrollando ambas variantes y el pequeño caimán caribeño, una vez más, apuesta por la vida y su enorme potencial científico va en pos de una meta que, más temprano que tarde, ha de rendir frutos y beneficios para la humanidad. La fortaleza de su sistema de vacunación es la credencial de triunfo.