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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

No quiere esconder los años que la ponen “matunga”  y le llenan de dolores los huesos, pero jamás la detienen para asumir una tarea, cuidar su familia y hacer las actividades que les piden el Partido y las organizaciones de masas. Cira Juana Hidalgo Mulet no nació para estar abanicándose en un sillón de mimbre.

Hecha al fuego del monte, me describe con una exactitud tremenda cada lugar que recorrió para fundar la Federación de Mujeres Cubanas allá en Holguín, su tierra natal, y el pueblito que le vio tejer los sueños de chiquilla inquieta, fuerte y de carácter rebelde y decidido: San Germán.

El año 1960 lo califica como “tremendo”, pero no puede olvidar un segundo su participación en la lucha clandestina, en la Comandancia de Almeida. Bajo la tenue luz de la lámpara que nos alumbra, en su pecho no refulgen así no más todas sus medallas. Las ganó golpe a golpe, con sacrificio y un amor invencible al tiempo, las distancias y las contingencias, por demás compartido con su compañero de vida y guerrilla, José Manuel Caraballo, otro ejemplar combatiente.

“Trillé mucho café, era una meta especial de la Federación y empatábamos los días y las noches. Allí nos fuimos identificando mucho con la organización, éramos la mayoría mujeres que no sabíamos apenas escribir nuestros nombres, campesinas, muy humildes. Fue como ver nacer una flor, salir una matica de la tierra. Empezamos a vivir.

“Trabajé mucho y sigo trabajando hasta donde la salud me da y pasé 13 años, hasta hace muy poco, de jefa de un bloque con diez delegaciones. No hay nada de la FMC que no haya pasado por mis manos y estoy orgullosa de eso, de haber podido conocer a Vilma Espín, una cubana y una líder extraordinaria. Siempre nos enseñaba algo.

“Las cubanas nos crecemos. A veces uno misma no sabe de dónde saca tantas energías, pero las tenemos. Yo dirigí la librería, tenía cargos en el CDR, atendía a mis hijos, a los tres, sola casi siempre, porque Caraballo estaba en sus responsabilidades como cuadro del Partido y no paraba en casa.

“Fui directora del Memorial Mártires de Barbados durante 18 años y ahí me jubilé, y llevé en paralelo las tareas del bloque, pasé por serios problemas personales  con la enfermedad de mi hija Tania y hoy nos ves aquí, con muchas arrugas y achaques pero contribuyendo para que el Congreso y su proceso asambleario sean, como ha sido desde el triunfo de la Revolución, la voz de la mujer cubana”.

Cira es así, de las criollas que disfrutan el buchito de café y el cigarrito mientras espera refresque la noche y se le cuele por el balcón de su apartamento el brillo de la luna. Es, por la fuerza de su pasión a la vida, una muchacha de 77 años que hace memorias y testifica que es la FMC en Cuba.